El episodio van Rysselberghe que acaba de concluir con la renuncia de la intendenta, no deja de manifestar las profundas desavenencias que existen dentro del conglomerado de gobierno. No hay que ser experto para darse cuenta que en la Coalición por el Cambio reina un espíritu de lucha interna que puede dañar a cualquier aspiración posterior.
Históricamente, RN y la UDI no han sido una pareja feliz, sino más bien un matrimonio por conveniencia, los que han debido seguir juntos porque no observa otro destino posible. Para RN y la UDI el divorcio no es un camino viable, es preferible seguir juntos y maltratarse mutuamente antes que separarse, aun cuando cada uno de ellos coquetee con la DC, con quien piensan tendrían una mejor relación.
La UDI, inspirada por Jaime Guzmán, quien no era fanático del multipartidismo chileno e hizo todo lo posible institucionalmente para generar condiciones para existiesen una mínima cantidad de partidos, por ejemplo con el sistema binominal, pero que a la larga no logró disminuir la cantidad de partidos políticos sino que los mantuvo y los perpetuó. Así mismo la UDI se siente incómoda con un socio que juegue en igualdad de condiciones con ellos, creen que poseen las cualidades y las capacidades para poner a uno de sus hombres en La Moneda y gobernar sin ayuda de otro partido al estilo de la DC durante el tiempo de Frei Montalva. Son el partido más votado popularmente y creen que esto les da el derecho para moverse a sus anchas e incluso golpearle la mesa al Presidente de la República, de paso mostrando que su apoyo a Piñera es más al poder que detenta que a la figura que representa él mismo. El apoyo que le entrega la UDI a Piñera es más bien técnico que genuino. Detrás de ese apoyo no se esconde con sutileza el anhelo de poder, la confianza de que el poder debería ser de ellos por derecho propio.
En RN, a pasar de ser el partido del Presidente, no se han comportado como tal. Si la esposa del Cesar no sólo tiene que serlo sino también parecerlo, RN se ha distanciado evidentemente de Piñera.
Cuando Piñera ganó las elecciones, en RN validaron una cláusula en que si un miembro de su partido llega a la máxima magistratura debía dejar su militancia, acto que Piñera ejecutó prontamente con el fin explicado de quedar en libertad de acción, pero en la práctica más parece que RN ha quedado en libertad de hacer e ir en contra del gobierno.
Si la UDI no esconde su deseo de fagocitar a la DC, en RN existe la tentación de arrimarse a la DC porque presumen que tienen más ADN compartido que con sus socios de gobierno. Quizás el accionar de los partidos de derecha por sumar o no a la DC pueda marcar el futuro de la política y de la derecha en particular.
Más que marcar el rumbo de una Nueva Derecha como algunos deseaban, las peleas internas de la Coalición por el Cambio, han sacado a relucir lo peor de ellos, algo que ni siquiera la Concertación podría haber generado, y más que señalar que existe una Nueva Derecha, lo que quedan son varias derechas que se despedazan unas con otras.