Según una última encuesta de opinión, la aprobación al gobierno del presidente Piñera tiene una más alta valoración que la del propio presidente, lo que viene a romper una regla que siempre se había dado durante los últimos gobiernos de la Concertación, que la separación entre gobierno y presidente(a) fuera significativa, pero muchas veces era el (la) Jefe(a) de Estado quien se llevaba todos los aplausos. En este caso, es todo lo contrario.
Pareciera que la nueva forma de gobernar de Piñera le estuviera dando frutos no deseados a su administración, pues si bien el presidenta había tenido la intención de formar un gabinete técnico, en que los ministros no tuvieran una mochila política, responde a su forma de gobernar, pero también a la forma en que él se quiere posicionar dentro del gobierno, como un jefe que está en todas partes y quien resuelve todos los asuntos concernientes al gobierno. Pero esta estrategia, que también implicaría dejarlo a él sólo como la figura más iluminada del gobierno, haciendo que nadie de su gabinete descolle más que él, estaría resultándole contraproducente ya que es el gobierno quien tiene la más alta aprobación y no él como lo esperaba.
A esto se suma que haya puesto a Joaquín Lavín en el difícil ministerio de educación, considerando que es una de los pocos miembros del gabinete que tiene un pasado político, con el fin de neutralizarlo y también de neutralizar a la UDI, el partido de Lavín. El ministro de educación había llegado al ministerio ya casi en el atardecer de su carrera política, luego de perder dos veces la candidatura presidencial y una vez la candidatura al senado, además de que en la UDI ya no tenía el mismo peso político que poseía en sus mejores tiempos de candidato, por lo que era una persona que no iba a molestar mucho dentro del gabinete y que no dolería mucho su salida frente a una eventual crisis en su cartera o educacional. Sin embargo, Lavín ahora se posiciona como unos de los ministros mejor evaluados dentro del gabinete de Piñera, seguido por el ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter y la vocera de gobierno Ena von Baer.
Estas dos situaciones se podrían explicar por la forma de gobernar que ha adoptado Piñera en estos sus primeros meses de gobierno: muy personalista, sin delegar funciones a otras personas y no contando con asesores políticos de real peso. Piñera desea manejar todos los hilos del Estado y sobretodo de su gobierno, pero esa misma actitud es la que le está pasando la cuenta y la que no lo deja gobernar libremente.
Durante los gobiernos de la Concertación, el gabinete se erigió como el colchón para amortiguar las demandas ciudadanas, el primer paso antes que los conflictos o los problemas escalaran hasta el o la presidenta. Y fue así como por ejemplo Bachelet salió casi indemne luego de la revolución pingüina, o como Lagos se intentó blindar luego de los casos de corrupción. Porque ante esto, para el jefe de Estado implica un ajuste o un cambio de gabinete, lo que significa un bálsamo frente a los cuestionamientos o los problemas de gestión, pero que en el caso de Piñera, debido a su fuerte personalismo cualquier cambio de gabinete podría significarle una pérdida aún mayor de popularidad o de aprobación.
El presidente debe comprender que no puede gobernar manejando todos los hilos, que debe delegar funciones en personas capacitadas, ya que el ejercicio del poder también representa delegar funciones en las capacidades políticas de las personas que lo rodean. Un buen político sería quién selecciona a su gabinete o su círculo más cercano según las capacidades que puedan otorgar al gobierno, esa debiera ser su labor como presidente, pero en la medida que no deje a su gabinete empoderarse, todos los conflictos siempre llegarán irremediablemente hasta él. Además debe comprender el presidente que debe contar con asesores, pues necesita gente que le informe y le proponga ideas, no puede ser que todas las ideas y las propuestas tengan que salir de su propia cabeza, lo que hace entorpecer la labor gubernamental.
Todo esto no hace más que pensar, que el presidente aún no ha dejado de lado la lógica de gerente de empresa que tanto se le ha criticado y que la población lo está percibiendo a cabalidad.
De este análisis podemos obtener interesantes opiniones, pero más que comentar tu artículo, me parece pertinente en el contexto de las recientes palabras del Ex ministro Vidal , hacer referencia al peso de los Ministros en las recientes administraciones.
ResponderEliminarTienes razón,Piñera delega poco poder, es el señor de las decisiones. Algunos de sus Ministros (el energía por ejemplo) parecen almas desveladas que recorren el país en busca de alguna tumba para descansar y partir al “más “allá”. Pero precisamente algo de más voluntad de mando y poder de decisión es lo que le falto a Bachelet.
Muchas de las decisiones de políticas públicas del gobierno de la Concertación, no fueron implementadas, básicamente por el poder sin contrapeso que tuvieron determinas carteras de Estado; Por ejemplo , ministerio de hacienda. Departamento de estado, desde donde se ejerció una especie de “poder factico” basado en la tan conocida “eficiencia económica” .
Fue el criterio económico, el que impidió que el transantiago se postergará y evitará el daño social que para muchos significó. Otros ejemplo;La postergación del puente sobre el canal de Chacao y la cancelación del plan trienal para los trenes al sur. En conclusión, al Presidente Piñera le sobra demasiado poder, a Bachelet le falto poder.
Felipe Schlack