Luego de las encuestas de opinión, primero del CEP luego de Adimark, se pueden concluir algunas cosas sobre la Concertación y su rol como oposición. Por una parte, la baja que evidencia la Concertación en las encuestas de opinión podría ser un mal que está incrustado en la forma de hacer oposición en el sistema político chileno. Esta hipótesis puede resultar verdadera en cuanto se comprueba que la Alianza también reportaba una baja identificación durante los gobiernos de la Concertación. Esta baja, debería verse entonces desde dos puntos de vista, desde los elementos estructurales del sistema y desde la coyuntura actual de la política específicamente de la Concertación como conglomerado político.
Huelga decir, que el sistema chileno es hiperpresidencialista, la figura y el poder del presidente de la república ocupa todos los espacios políticos y también de las instituciones políticas. Aún cuando un gobierno no tenga mayoría en el Congreso, esto no es un impedimento para que no logre promover o avanzar con su programa de gobierno. Ya lo sabe bien Piñera que en su primer año de gobierno no ha tenido mayoría en el Senado y aún así ha logrado sacar adelante iniciativas complicadas como la ley de presupuesto. Este hiperpresidencialismo, finalmente redunda en que la oposición e incluso el Congreso van siempre al ritmo del gobierno, a pesar de las mayorías parlamentarias, y de cierta forma, el Congreso no cuenta con poderes suficientes para concretarse como un verdadero contrapeso al gobierno, como es el caso de la herramienta de la interpelación que en teoría habría sido un buen ejercicio de contrapesos políticos pero que a la larga se ha transformado en un show mediático.
Del mismo modo, la forma de hacer oposición en Chile no es propositiva, generando propuestas e ideas, se me viene a la mente el modelo inglés en donde la oposición genera un “gabinete en las sombras” no para criticar simplemente la labor del gobierno, sino que también para generar propuestas al parlamento. Se podría argumentar que ese es un ejemplo de un sistema parlamentario, pero en EEUU el Congreso también cuenta con atribuciones y espacios de acción que lo transforman en un contrapeso para el gobierno.
Y entonces, el segundo punto, que tiene relación con la actitud que ha tenido la Concertación durante el primer año que le ha tocado ser oposición. Mucho se ha hablado del estado de coma en que se encuentra la oposición, que aún no logra superar la pérdida del gobierno, su incapacidad para verse ya no como el oficialismo y el conglomerado que lleva la voz cantante. Todos esos elementos que se le achacan a la Concertación, son ciertos, pero también debe considerarse la nula capacidad de adaptación a su nuevo rol de oposición no como una oposición reactiva que funciona en contraposición a las iniciativas del gobierno, sino como un conglomerado de ofrezca ideas, propuestas y una nueva mirada de la política y de la sociedad. Lo que se le exige a fin de cuentas, es que vaya bailando a su propio ritmo, pero un ritmo en definitiva que sea claro y que haya sido adoptado democráticamente.
Ahora hablamos de la oposición y se piensa automáticamente en la Concertación, habría que ver que sucedería en un sistema electoral que no excluya a las minorías políticas y ver como se constituirían los partidos que hoy forman la Concertación, más los partidos que podrían ingresar el Congreso si no existiese el binominal. Habría que plantearse cuál sería el rol de la oposición –o de los partidos de oposición, en plural- para generar un cambio al sistema de elecciones.
Pero en las mismas encuestas de opinión, lo más preocupante no es la caída de la identificación con la Concertación, sino que con todo el sistema de representación política o el sistema de partidos. Al final, que la Concertación o la Coalición bajen o suban en su identificación popular es propio de las épocas históricas que se viven. Todas las épocas políticas he tenido conglomerados que han estado en el gobierno o en la oposición y no sería la primera vez que estas alianzas políticas desaparezcan, se modifiquen o se reagrupen. Esta, si bien es una discusión importante, lo es desde la perspectiva histórica. Lo que es ahora socialmente relevante es el crecimiento de la desafección con la política en gran parte de la población, de la gente que ni siquiera se identifica con la política. Realmente es preocupante también el nivel de desaprobación que posee el Congreso, tanto el Senado como la Cámara de Diputados, que es donde debería estar situado el corazón de la política. Esto va a seguir siendo la piedra de tope de la política sino se realizan reformas de fondo, tanto desde el sistema político como de los actores relevantes.
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