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martes, 23 de febrero de 2010

Piñera, los partidos políticos y los subsecretarios

Con la nominación de sus ministros, Piñera mostró una libertad de acción que no ha tenido parangón, prescindiendo de la injerencia de los partidos políticos que lo respaldan. Esta decisión, si bien está ajustada al periodo de su aún no iniciado gobierno, en que el presidente tiene el control completo de la agenda, se debe en primer lugar por ser el primer presidente del conglomerado de derecha. Piñera no ganó en primera vuelta ni tampoco lo hizo con un porcentaje abultado, sino que cuenta con ese derecho por ser el primero, por lo que se ha ganado la libertad de hacer y nominar a sus ministros con una libertad que muchos de los presidentes anteriores no contaban. La presidenta Bachelet contó con margen de libertad para nominar a su gabinete sin tener que enfrentar directamente las presiones de los partidos políticos, pero que a la larga le terminó pasando la cuenta frente a los variados cambios de gabinete que tuvo que realizar, en donde sí incorporó la voz de los partidos de la Concertación. En el caso del presidente Piñera, esta libertad es un arma de doble filo, porque tal como a Bachelet en algún momento va a necesitar a la ayuda de los partidos políticos que lo respaldad, y lo que además podría crear la instancia en que despierten viejas animosidades dentro de la derecha que se encuentran dormidas con el éxtasis de la victoria.

Con el nombramiento de los subsecretarios, Piñera tiende a incorporar a los partidos políticos al gobierno, atendiendo la falta de capacidad política que impera dentro de su gabinete. En esta nominación intentó dejar contenta a la UDI, partido que tienen la mayor cantidad de parlamentarios en el congreso sin los que no puede gobernar, y además de su propio partido RN que no sería bien visto que su propio "ex partido" comenzara con las primeras críticas políticas. En el nombramiento de los ministros y subsecretarios, Piñera se valió de algunos institutos ligados a la derecha como Libertad y Desarrollo y la Fundación Jaime Guzmán, de donde ha sacado personal e ideas que ha incorporado a su gobierno, pero que en la práctica le puede pesar en la relación con sus partidos políticos, como le sucedió a Bachelet cuando incorporó en su gabinete a gente fuera de la Concertación provenientes del Think Tank Expansiva, quienes fueron los primero blancos de críticas de los propios partidos de gobierno y los primeros en dejar sus carteras, a excepción del ministro de hacienda que logró controlar un gran poder dentro del gabinete.

Dentro de estas nominaciones, además Piñera escuchó la voz de los dos principales líderes en las sombras de la derecha, Longueira y Allamand, que si bien no están a la cabeza de la UDI o de RN respectivamente, dentro de sus propios partidos poseen una injerencia enorme que como presidente no podía eludir. Hasta el momento, la derecha se ha mantenido unida frente al futuro gobierno, ha respaldado al presidente electo en sus primeros pasos, pero el ejercicio del poder y el ser gobierno crean polos y áreas de influencia que son casi naturales dentro de la práctica política, que en el caso de la Concertación esa práctica se llegó a niveles impensados, en la derecha aún están por verse como se desarrollan estos pequeños subgrupos dentro de la misma Coalición o dentro de los partidos y también como se desenvuelven los pequeños caudillismos. La molestia de Longueira y las críticas ocultas de Allamand responden al manejo de ciertos espacios de poder dentro de sus partidos y que Piñera ha debido ponerle atención antes de que sumen un poder aún mayor o comiencen a socavar el poder del presidente.

Así, Piñera ha mostrado que su estilo de gobierno es mucho más presidencialista que el de Bachelet, quien tenía un estilo de gobernar mucho más parecido a un parlamentarismo en que ella actuó más como una primera ministra que se relaciona casi horizontalmente con sus ministros que como una presidenta que concentra el poder. En el gobierno de Piñera, sería difícil ver a ministros tan poderosos como Andrés Velasco en hacienda o un Pérez Yoma en interior, ya que Piñera ha mostrado que quiere concentrar el poder, y el nombramiento de personas con un enorme perfil técnico responda a su idea de que el poder político se debe concentrar en la figura del presidente. Esto puede traerle algunos inconvenientes, como que muchos de sus ministros y subsecretarios nunca logren empoderarse del cargo y desenvolverse a sus anchas en sus puestos o que finalmente todas las críticas hacia el gobierno estén dirigidas hacia él por ser el único responsable, que en el caso de los gobiernos los gabinetes también sirven para delegar culpas -un contrasentido en el ejercicio del poder-, pero que en términos simbólicos sirve mucho para mantener al presidente incólume de los errores del gobierno o de su coalición de partidos.

Concentrando el poder en la figura del presidente, lo que puede provocar es el nacimiento de un nuevo populismo, en que los partidos no son excluidos sino que son puestos en un congelador indefinido. Volviendo a las alusiones de Piñera con Berlusconi, según Giovanni Sartori es el premier italiano quien ha patentado una nueva forma de hacerse con todo el poder, que el politólogo italiano ha llamado el "sultanato", en donde el gobernante no intenta transformarse en un dictador al estilo clásico que borra las leyes y la democracia para controlar y retener todo el poder, sino que en base a las mismas leyes existentes y desde dentro de la democracia ir minando los principios democráticos, no para crear poderes nuevos, sino para ejercer los ya existentes y disminuir las contrapesos políticos. Si Piñera sigue en esta misma senda, se habrá transformado en el Berlusconi latinoamericano, no sólo por superar los límites de los negocios y la política, sino también por la forma de ejercer el poder y de comprender la democracia.

Está por verse entonces, como Piñera se desenvuelve con los partidos políticos, si los escucha e incorpora en el juego político o trata de anularlos y de saltarlos. Porque en la práctica, la derecha ha llegado al poder con el discurso negativo sobre la política y los partidos políticos que se impuso durante la dictadura, agregándole a eso el discurso propositivo de la técnica como resolución de los conflictos y problemas sociales, lugar en donde se generan las propuestas. Durante estos próximos cuatro años se verá si este discurso no se transforma en un bumerang y se devuelve a la derecha, produciendo problemas entre los mismos partidos políticos de la Coalición por el Cambio y el presidente o dentro de la misma coalición de partidos entre áreas de influencia, lo que finalmente terminó dejando en el suelo a la Concertación.

martes, 16 de febrero de 2010

El gabinete de Piñera

Mucho se ha discutido del carácter del gabinete del presidente electo Sebastián Piñera, de los rasgos técnicos o las falencias políticas que ha presenciado en la nominación de las personas que ocuparán las carteras ministeriales. Pero esta, como primera acción gubernamental del presidente electo tiene bastantes aristas y otras tantas críticas por causa de la disociación entre el discurso y la realidad, entre lo que dice y lo que hace.
Una de las primeras críticas que se le han formulado al presidente electo, es sobre la pertenencia de muchos de los miembros del gabinete a directorios de empresas que también responde al ámbito de relaciones que ha establecido el nuevo presidente, del grupo de personas con las que se ha rodeado. Seguramente, de haber sido un dirigente sindical se habría codeado con personas ligadas a la organización popular, pero en este caso específico demuestra que Piñera se ha rodeado de personas que tienen tanto capital económico como él y un capital cultural similar al que él posee. Eso ya lo dijo Bourdieu, que las personas tienden a relacionarse con otros que tengan similares capitales culturales y económicos, no por una predisposición social que nos limita a esos espacios, sino porque se comparten ciertos códigos sociales y Habitus que son semejantes. Esto posibilita de alguna forma entender las confianzas depositadas por Piñera en los nombres que ha nominado, sin embargo para el presidente de la república se espera que trascienda esos espacios relacionales, que se adentre en otros mundos, ya que su labor es conocer espacios, lugares y personas que no son iguales su persona o su espacio social. Él, como presidente de la república necesitará contar con personas que le muestren las distintas culturas, que lo asesoren con temas que él no maneja, por ello una de sus primeras necesidades era reunir un equipo que supliera las falencias que él mismo no posee y le muestren lo que él no alcanza a comprender. El curriculum del gabinete, por cierto que es de amplitud y una capacidad técnica y académica notable, pero que no deja de constatar que si bien este grupo de personas se muestran notables en sus espacios de ingerencia, responden a sólo un espectro de la sociedad. Si Piñera deseaba reunir a un equipo de los mejores en sus quehaceres, debería haber buscado también en otras comunas, en otras universidades o institutos. El gabinete posiblemente esté bastante capacitado en elementos técnicos, pero responden a la mirada de una parte de la sociedad. Más que capacidad, este gabinete adolece de diversidad. Y, por otra parte, en los tiempos en que las comunicaciones y el conocimiento fluyen libremente, es impensado que el presidente no se hubiera interiorizado de las distintas realidades que conviven en el país, actualmente es mucho más fácil saber quién sobresale en su ámbito o conocer las capacidades de distintas personas.
Si Piñera hubiese querido realmente un gabinete de "unidad nacional", como él lo ha llamado, hubiera buscado personas de diferentes espacios y diferentes ámbitos, para reunir en un gabinete a un grupo de los mejores que trabajen para el beneficio de todos. Acá en el grupo de ministros se observa la predominancia de una grupo específico, en donde muchos compartieron la misma escuela o universidad, de lo que no tienen ninguna culpa, la culpa es del futuro presidente que dice querer representar a todo el país, pero que en una de sus primaras acciones demuestra todo lo contrario a su discurso.
Este gabinete de unidad nacional que ha llamado enfáticamente Piñera, se une además al discurso sobre la política de los acuerdos que desea revivir, pero viniendo eso desde la política misma, ese anhelo suena un tanto tautológico, porque la política en sí se genera por medio de los acuerdos. Ya nadie sigue el pensamiento de Clausewitz, en que la política es la continuación de la guerra por otros medios, sino que el pensamiento general es que la política es el lugar donde se dialoga y que en la praxis política es la consecución de un programa político a través del dialogo con la oposición o la minoría política. Lo que el presidente electo debe entender, es que el fue electo para gobernar y aplicar el programa político que representa una visión determinada de la sociedad, su misión ahora es llevar ese programa a la práctica y cumplir con sus promesas, porque el fue electo para llevar a cabo cierto esquema político y representar a la ciudadanía que lo eligió, respetando a las minorías políticas. Si no existiese la representación de una visión de la sociedad -que los candidatos dicen representar-, entonces las elecciones serían innecesarias, mejor votamos por la unidad nacional en un solo candidato. Además el esquema de unidad nacional y de la política de los acuerdos como los ha planteado Piñera, se superpone a la existencia de grupos minoritarios dentro de la política o en el parlamento. Ya que si bien existe un gobierno que cuenta con bastantes atribuciones para llevar a cabo su política, también existen los grupos que no son mayoría que cuentan con motivaciones o necesidades que serían soslayadas con este tipo de prácticas. El gobierno le es confiada la labor de ejecutar su eje programático, pero sin pasar por encima de los grupos minoritarios, su labor es también incluirlos en el dialogo, conocer sus peticiones y respetar sus posiciones. Sin esto, el gobierno y la política se transformarían en un ente uniforme y homogéneo, más cercano a una dictadura que a una democracia.
Y por lo demás, el esquema de la unidad nacional y la política de los acuerdos son aplicables en casos excepcionales, en que se ha roto la paz democrática o el país se vio envuelto en un conflicto bélico o político social, que el caso actual de Chile es ilógico pensar que travesamos por esas coyunturas. Ese discurso que pretende imponer Piñera es una remembranza del discurso patriotero y nacionalista que impendía el surgimiento o la exigencia de grupos sociales marginados o que comienzan a emerger como actores políticos, en que el bien de la sociedad era uno y normado. El proceso político de la democracia debe permitir el surgimiento de nuevos actores políticos y considerar sus peticiones, la democracia en los tiempos actuales exige que se construya con todos y todas, pero considerando que somos diferentes, pensamos distinto y deseamos distintas cosas. La política, es entonces el lugar donde se discuten esas diferencias y se llegan a consensos, pero sin uniformar ni esquematizar en un discurso.
Cuando llegue este gobierno a La Moneda debe tener claro que representa un sector de la sociedad a la que la ciudadanía confió en su plan de gobierno, que representa a un ámbito de la política y desde ahí puede construir acuerdos.