martes, 16 de febrero de 2010

El gabinete de Piñera

Mucho se ha discutido del carácter del gabinete del presidente electo Sebastián Piñera, de los rasgos técnicos o las falencias políticas que ha presenciado en la nominación de las personas que ocuparán las carteras ministeriales. Pero esta, como primera acción gubernamental del presidente electo tiene bastantes aristas y otras tantas críticas por causa de la disociación entre el discurso y la realidad, entre lo que dice y lo que hace.
Una de las primeras críticas que se le han formulado al presidente electo, es sobre la pertenencia de muchos de los miembros del gabinete a directorios de empresas que también responde al ámbito de relaciones que ha establecido el nuevo presidente, del grupo de personas con las que se ha rodeado. Seguramente, de haber sido un dirigente sindical se habría codeado con personas ligadas a la organización popular, pero en este caso específico demuestra que Piñera se ha rodeado de personas que tienen tanto capital económico como él y un capital cultural similar al que él posee. Eso ya lo dijo Bourdieu, que las personas tienden a relacionarse con otros que tengan similares capitales culturales y económicos, no por una predisposición social que nos limita a esos espacios, sino porque se comparten ciertos códigos sociales y Habitus que son semejantes. Esto posibilita de alguna forma entender las confianzas depositadas por Piñera en los nombres que ha nominado, sin embargo para el presidente de la república se espera que trascienda esos espacios relacionales, que se adentre en otros mundos, ya que su labor es conocer espacios, lugares y personas que no son iguales su persona o su espacio social. Él, como presidente de la república necesitará contar con personas que le muestren las distintas culturas, que lo asesoren con temas que él no maneja, por ello una de sus primeras necesidades era reunir un equipo que supliera las falencias que él mismo no posee y le muestren lo que él no alcanza a comprender. El curriculum del gabinete, por cierto que es de amplitud y una capacidad técnica y académica notable, pero que no deja de constatar que si bien este grupo de personas se muestran notables en sus espacios de ingerencia, responden a sólo un espectro de la sociedad. Si Piñera deseaba reunir a un equipo de los mejores en sus quehaceres, debería haber buscado también en otras comunas, en otras universidades o institutos. El gabinete posiblemente esté bastante capacitado en elementos técnicos, pero responden a la mirada de una parte de la sociedad. Más que capacidad, este gabinete adolece de diversidad. Y, por otra parte, en los tiempos en que las comunicaciones y el conocimiento fluyen libremente, es impensado que el presidente no se hubiera interiorizado de las distintas realidades que conviven en el país, actualmente es mucho más fácil saber quién sobresale en su ámbito o conocer las capacidades de distintas personas.
Si Piñera hubiese querido realmente un gabinete de "unidad nacional", como él lo ha llamado, hubiera buscado personas de diferentes espacios y diferentes ámbitos, para reunir en un gabinete a un grupo de los mejores que trabajen para el beneficio de todos. Acá en el grupo de ministros se observa la predominancia de una grupo específico, en donde muchos compartieron la misma escuela o universidad, de lo que no tienen ninguna culpa, la culpa es del futuro presidente que dice querer representar a todo el país, pero que en una de sus primaras acciones demuestra todo lo contrario a su discurso.
Este gabinete de unidad nacional que ha llamado enfáticamente Piñera, se une además al discurso sobre la política de los acuerdos que desea revivir, pero viniendo eso desde la política misma, ese anhelo suena un tanto tautológico, porque la política en sí se genera por medio de los acuerdos. Ya nadie sigue el pensamiento de Clausewitz, en que la política es la continuación de la guerra por otros medios, sino que el pensamiento general es que la política es el lugar donde se dialoga y que en la praxis política es la consecución de un programa político a través del dialogo con la oposición o la minoría política. Lo que el presidente electo debe entender, es que el fue electo para gobernar y aplicar el programa político que representa una visión determinada de la sociedad, su misión ahora es llevar ese programa a la práctica y cumplir con sus promesas, porque el fue electo para llevar a cabo cierto esquema político y representar a la ciudadanía que lo eligió, respetando a las minorías políticas. Si no existiese la representación de una visión de la sociedad -que los candidatos dicen representar-, entonces las elecciones serían innecesarias, mejor votamos por la unidad nacional en un solo candidato. Además el esquema de unidad nacional y de la política de los acuerdos como los ha planteado Piñera, se superpone a la existencia de grupos minoritarios dentro de la política o en el parlamento. Ya que si bien existe un gobierno que cuenta con bastantes atribuciones para llevar a cabo su política, también existen los grupos que no son mayoría que cuentan con motivaciones o necesidades que serían soslayadas con este tipo de prácticas. El gobierno le es confiada la labor de ejecutar su eje programático, pero sin pasar por encima de los grupos minoritarios, su labor es también incluirlos en el dialogo, conocer sus peticiones y respetar sus posiciones. Sin esto, el gobierno y la política se transformarían en un ente uniforme y homogéneo, más cercano a una dictadura que a una democracia.
Y por lo demás, el esquema de la unidad nacional y la política de los acuerdos son aplicables en casos excepcionales, en que se ha roto la paz democrática o el país se vio envuelto en un conflicto bélico o político social, que el caso actual de Chile es ilógico pensar que travesamos por esas coyunturas. Ese discurso que pretende imponer Piñera es una remembranza del discurso patriotero y nacionalista que impendía el surgimiento o la exigencia de grupos sociales marginados o que comienzan a emerger como actores políticos, en que el bien de la sociedad era uno y normado. El proceso político de la democracia debe permitir el surgimiento de nuevos actores políticos y considerar sus peticiones, la democracia en los tiempos actuales exige que se construya con todos y todas, pero considerando que somos diferentes, pensamos distinto y deseamos distintas cosas. La política, es entonces el lugar donde se discuten esas diferencias y se llegan a consensos, pero sin uniformar ni esquematizar en un discurso.
Cuando llegue este gobierno a La Moneda debe tener claro que representa un sector de la sociedad a la que la ciudadanía confió en su plan de gobierno, que representa a un ámbito de la política y desde ahí puede construir acuerdos.

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