Sr. Joaquín Lavín
Ministro de Educación
Presente:
He leído con ahínco sus planteamientos sobre el conflicto que vive la educación en estos días –si es que Ud. se atreve a llamarlo “conflicto”- y me ha llamado mucho la atención como Ud. en calidad de Ministro de la República se refiere a la educación, a los estudiantes y al asunto mismo, lo que me insita a escribirle. Reuniendo estos tres puntos puedo tener una opinión de vuestra persona, que no se complace en ser alegórica, y una opinión de sus ideas que por cierto es lo que me mueve a dirigirme a Ud.
Entonces, a ello.
En primer lugar tomaré por muestra sus dichos ante un periódico nacional, considerando que pongo sus propias palabras a auscultar en la medida que son la evidencia de sus propios pensamientos. Ud. lo ha dicho y es así como Ud. piensa.
Ud. menciona que “los estudiantes que no salen a las calles son mayoría” pero ¿qué significa para Ud. 100 mil o 200 mil personas marchando en todo Chile? Ha dicho que visto la marcha por la ventana de su oficina, cuantitativamente la marcha no es representativa para Ud., de lo contrario le habría tomado el peso necesario a tan abrumadora cantidad de personas. Y ¿quiénes perteneces a esa otra mayoría que no salen a la calle, que Ud. dice conocer? ¿Son estudiantes que le han hecho llegar sus petitorios? Si es de esta forma, entonces dialogue con ellos, conforme una mesa de trabajo, pero de cara al país, muestre los avances a los que han llegado en conjunto. Pero aún así, no puede soslayar a un grupo importante de chilenas y chilenos que han salido expresamente a la calle para decirle que están descontentos, para mostrar que ese mismo descontento es compartido por muchos. No se puede tapar el sol con un dedo aún cuando Ud. tenga la autoridad de un ministerio.
Ud. continúa y menciona que “el gobierno no reacciona a crisis puntuales ni a lo que se grita en la calle” entonces cuál es la tarea del gobierno si no de encargarse de la coyuntura nacional. El gobierno fue claro en esto cuando presuroso se aboco a la tarea de rescatar a los 33 mineros atrapados, ¿no era esa una crisis? Quizás me podría argumentar que es una crisis con un cariz diferente, en que la vida de 33 personas dependía del accionar del gobierno, pero entonces ¿la vida de miles de chilenas y chilenos que sufren, se endeudan y que no consiguen una vida digna a través de la educación no es parámetro fundamental para dirigir las políticas gubernamentales? Ud. como miembro del gabinete está hablando del gobierno no de su cartera específica, por ello es que comprendo que el gobierno mismo define lo que es una crisis y su posterior reacción, lo que da pie para entender por qué no se ha avanzado en otros asuntos de interés nacional. Un gobierno debe avanzar con su agenda y sus políticas públicas, pero siempre atendiendo a los problemas puntuales que se suceden en el camino.
Exigir nuestros derechos ciudadanos es política y la forma en que las personas se comunican con sus mandatarios es a través de la política, esa es la práctica social que nos permite comunicarnos con el poder y con quienes lo manejan y Ud. pide que el dialogo no se politice. ¿Qué es lo que Ud. entiende por política? ¿Lo que es del ámbito exclusivo del parlamento o del gobierno? ¿Lo que hacen políticos profesionales o alguno que otro técnico? Pero no sé cómo se podrían exigir cambios sustantivos sin acercarse al poder y no teniendo un diálogo político. Y Ud. tendrá que ser claro, porque si el sentido primordial de la educación es crear personas que se desenvuelven en la sociedad y participan en cualquier lugar de la vida del país eso creo es crear ciudadanos, por ende ¿por qué no es un asunto político? Y eso es lo que aprendí en mis clases de educación cívica en un colegio fiscal. Si la educación no tiene nada que ver con la política no tiene sentido que existan las clases de educación cívica, o de historia (bueno he olvidado que Ud. quería disminuir las horas de historia, acuso mi error…). Los estudiantes piden la renacionalización de las riquezas básicas, reforma tributaria, asamblea constituyente y ahora mi pregunta es dónde aprendieron los estudiantes esas cosas, porque no tiene que ver con ellos, con sus vidas o el país que ellos esperan. Y Luego menciona que “ni siquiera tienen votos en las urnas”, o sea las políticas siempre van dirigidas a quienes pueden votar o pueden ser vistos como un capital político, pero le recuerdo que muchos de esos jóvenes que Ud. se niega en escuchar en unos años más tendrán la edad necesaria para hacerlo y es contra ellos que Ud. y su coalición de gobierno se tendrán que enfrentar en el futuro y con ello, darles explicaciones, y eso principalmente es política.
También menciona que muchos de los dirigentes están ideologizados, pero suponiendo que cualquier ideología desde el sector que provenga es perniciosa, esta se debe combatir con diálogo y no cerrando la puerta a la discusión. Y si por ideología entiende una visión cerrada y exclusiva de la sociedad, que entrega los elementos para su comprensión y posición dentro del mundo, entonces no veo por qué no sería ideológico pensar que el mercado puede solucionar todos los problemas o que el mercado promueve una revolución silenciosa y exitosa para el país.
¿Es retrógrado pensar que una educación estatal de calidad y pensar que el estado se vuelva a hacerse cargo de los colegios? Si el sistema de municipalización no ha dado los resultados esperados, ¿por qué no se puede plantear cambios? Además le recuerdo que Chile es un país centralizado y las decisiones administrativas y políticas pasan por un centro exclusivo. Eso Ud. debería saberlo ya que está en el gobierno.
Ud. habla directamente con la ciudadanía ya que los líderes del movimiento estudiantil se han politizado, desde allí me surgen varias dudas: ¿cómo habla y mantiene un dialogo abierto con la ciudadanía, quién es la ciudadanía a la que Ud. le habla? ¿Quiénes se manifiestan no son parte de la ciudadanía? Y si los dirigentes del movimiento se han politizado ¿qué entiende por ser politizado? Es más válido alguien que no confiesa sus posturas políticas a alguien que las hace evidente y desde ahí construye su accionar, porque si mal no recuerdo Ud. mismo es un político, milita en un partido político, incluso fue candidato a la presidencia de la república, entonces por qué no cualquier dirigente no puede expresar sus opciones políticas.
Pero adhiero a su postulado que las grandes decisiones las debe tomar el Congreso, porque es el lugar en que se discute la democracia, pero dejarle sólo al parlamento este asunto es no entender la realidad política chilena, en que el gobierno y el presidente tienen el manejo de los tiempos legislativos, además de voz y veto. Con el enorme poder que cuenta la figura del presidente es iluso pensar que sólo el Congreso de la república va a solucionar todos los problemas, porque también se solucionan con voluntad política que la posee exclusivamente el presidente. De esto último lo exculpo, pues esa es una facultad exclusiva de su jefe, el Presidente de la República.
Y finalmente, su participación en la Universidad del Desarrollo como socio fundador o cual mecenas no lo deja fuera de lugar para aclarar las dudes sobre si Ud. ganó dinero con dicha institución. Puede que Ud. no haya ganado ni un peso durante el tiempo que estuvo en ella, pero eso no lo exime de aclarar su participación en la universidad o en cualquier organización relacionada (como la inmobiliaria que le arrienda a la universidad o que la construyó, por ejemplo), mientras Ud. no clarifique su situación existirá un gran manto de dudas sobre su dinero. Y por cierto, que Ud. diga que se ha desprendido de cualquier participación no explica si Ud. está a favor o en contra del lucro, que es un eje fundamental de las demandas de los estudiantes. No hace mal, que si Ud. quiere hablar directo a la ciudadanía se exprese con claridad y se pronuncie sobre este aspecto. Es lo que se espera de su persona.
Y le escribo para dejarle en claro que los movimientos sociales no se solucionan mirando para otro lugar, sino que haciéndoles frente. Pero si Ud. se niega a poner atención en lo que sucede a su alrededor y sigue sin tener la mayor intención de escuchar a quienes le exigen solucionar sus problemas, es mejor que dé un paso al costado, porque Ud. se encontraría incapacitado para dialogar, que es lo que Ud. ha dicho que quiere hacer. Así es como se asumen los costos políticos, así es como se hace política.
sábado, 2 de julio de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
Mal tiempo para el gobierno
Una mala semana ha tenido el gobierno de Piñera, luego de la evaluación que mostrara la encuesta de Adimark, la aprobación del gobierno ha caído a mínimos históricos desde el retorno a la democracia.
Un hecho relevante en esta encuesta, es que la desaprobación del gobierno y del presidente van de la mano, algo que no se había dado durante el gobierno de Bachelet. En el gobierno anterior, la aprobación/desaprobación del gobierno y la presidenta iban por caminos separados, lo que puede explicar de alguna forma la alta aprobación que tenía la Jefa de Estado al terminar su mandato. Piñera en su intento de abarcarlo todo, ha dado señales inequívocas que sólo él es el gobierno y la ciudadanía lo ha reconocido. Bachelet hábilmente se distanció del gobierno –incluso de la Concertación misma- quedando como una figura más allá del bien y el mal, y en consecuencia su gabinete servía como un colchón para aplacar las críticas y ante el primer problema no dudó en hacer cambios ministeriales.
Si bien Chile cuenta con un sistema presidencial en que el presidente por antonomasia encarna al gobierno, durante los gobiernos de la Concertación los presidentes supieron desligar simbólicamente la comprensión de lo que es el gobierno y la figura presidencial, aun cuando seguían siendo jefes de gobierno. Y esto también obra y gracia de que los presidentes contaban dentro de su gabinete con una figura de peso político, quien ordenaba y dirigía al gabinete y además era capaz de “poner el pecho a las balas” para defender al presidente. Esta relación presidente-ministro se puede entender perfectamente durante el gobierno del presidente Lagos quien contaba con un ministro fuerte como Insulza. Para el caso de Piñera quien su propia personalidad no le deja delegar responsabilidades, no ha dejado que surja un ministro que tome las riendas del gobierno, el ministro Hinzpeter no ha sabido ordenar al gabinete y más se ha quedado en su rol de ministro del interior resguardando la seguridad que de jefe del Gabinete.
Es este acento en la seguridad y no en la política que realmente ha hecho que el gobierno se tambalee y no entienda las movilizaciones ciudadanas que se han producido.
De alguna forma, la manera de afrontar los conflictos sociales del gobierno, ha demostrado una falta de tacto, pero lo que es más llamativo, una falta de comprensión del por qué de las personas, qué es lo que los lleva a reclamar. En definitiva el gobierno no entiende o no quiere entender para dónde se está moviendo la sociedad y esta incomprensión está haciendo que el gobierno quede paralizado y sin espacios de movimiento.
Habrá que esperar que depara para el gobierno el segundo semestre, si es que llega a manejar la agenda política o es que el primer gobierno democrático de derecha se termina desgarrando por peleas internas o por pura ceguera de parte del mismo.
Un hecho relevante en esta encuesta, es que la desaprobación del gobierno y del presidente van de la mano, algo que no se había dado durante el gobierno de Bachelet. En el gobierno anterior, la aprobación/desaprobación del gobierno y la presidenta iban por caminos separados, lo que puede explicar de alguna forma la alta aprobación que tenía la Jefa de Estado al terminar su mandato. Piñera en su intento de abarcarlo todo, ha dado señales inequívocas que sólo él es el gobierno y la ciudadanía lo ha reconocido. Bachelet hábilmente se distanció del gobierno –incluso de la Concertación misma- quedando como una figura más allá del bien y el mal, y en consecuencia su gabinete servía como un colchón para aplacar las críticas y ante el primer problema no dudó en hacer cambios ministeriales.
Si bien Chile cuenta con un sistema presidencial en que el presidente por antonomasia encarna al gobierno, durante los gobiernos de la Concertación los presidentes supieron desligar simbólicamente la comprensión de lo que es el gobierno y la figura presidencial, aun cuando seguían siendo jefes de gobierno. Y esto también obra y gracia de que los presidentes contaban dentro de su gabinete con una figura de peso político, quien ordenaba y dirigía al gabinete y además era capaz de “poner el pecho a las balas” para defender al presidente. Esta relación presidente-ministro se puede entender perfectamente durante el gobierno del presidente Lagos quien contaba con un ministro fuerte como Insulza. Para el caso de Piñera quien su propia personalidad no le deja delegar responsabilidades, no ha dejado que surja un ministro que tome las riendas del gobierno, el ministro Hinzpeter no ha sabido ordenar al gabinete y más se ha quedado en su rol de ministro del interior resguardando la seguridad que de jefe del Gabinete.
Es este acento en la seguridad y no en la política que realmente ha hecho que el gobierno se tambalee y no entienda las movilizaciones ciudadanas que se han producido.
De alguna forma, la manera de afrontar los conflictos sociales del gobierno, ha demostrado una falta de tacto, pero lo que es más llamativo, una falta de comprensión del por qué de las personas, qué es lo que los lleva a reclamar. En definitiva el gobierno no entiende o no quiere entender para dónde se está moviendo la sociedad y esta incomprensión está haciendo que el gobierno quede paralizado y sin espacios de movimiento.
Habrá que esperar que depara para el gobierno el segundo semestre, si es que llega a manejar la agenda política o es que el primer gobierno democrático de derecha se termina desgarrando por peleas internas o por pura ceguera de parte del mismo.
lunes, 4 de abril de 2011
¿La derecha o las derechas?
El episodio van Rysselberghe que acaba de concluir con la renuncia de la intendenta, no deja de manifestar las profundas desavenencias que existen dentro del conglomerado de gobierno. No hay que ser experto para darse cuenta que en la Coalición por el Cambio reina un espíritu de lucha interna que puede dañar a cualquier aspiración posterior.
Históricamente, RN y la UDI no han sido una pareja feliz, sino más bien un matrimonio por conveniencia, los que han debido seguir juntos porque no observa otro destino posible. Para RN y la UDI el divorcio no es un camino viable, es preferible seguir juntos y maltratarse mutuamente antes que separarse, aun cuando cada uno de ellos coquetee con la DC, con quien piensan tendrían una mejor relación.
La UDI, inspirada por Jaime Guzmán, quien no era fanático del multipartidismo chileno e hizo todo lo posible institucionalmente para generar condiciones para existiesen una mínima cantidad de partidos, por ejemplo con el sistema binominal, pero que a la larga no logró disminuir la cantidad de partidos políticos sino que los mantuvo y los perpetuó. Así mismo la UDI se siente incómoda con un socio que juegue en igualdad de condiciones con ellos, creen que poseen las cualidades y las capacidades para poner a uno de sus hombres en La Moneda y gobernar sin ayuda de otro partido al estilo de la DC durante el tiempo de Frei Montalva. Son el partido más votado popularmente y creen que esto les da el derecho para moverse a sus anchas e incluso golpearle la mesa al Presidente de la República, de paso mostrando que su apoyo a Piñera es más al poder que detenta que a la figura que representa él mismo. El apoyo que le entrega la UDI a Piñera es más bien técnico que genuino. Detrás de ese apoyo no se esconde con sutileza el anhelo de poder, la confianza de que el poder debería ser de ellos por derecho propio.
En RN, a pasar de ser el partido del Presidente, no se han comportado como tal. Si la esposa del Cesar no sólo tiene que serlo sino también parecerlo, RN se ha distanciado evidentemente de Piñera.
Cuando Piñera ganó las elecciones, en RN validaron una cláusula en que si un miembro de su partido llega a la máxima magistratura debía dejar su militancia, acto que Piñera ejecutó prontamente con el fin explicado de quedar en libertad de acción, pero en la práctica más parece que RN ha quedado en libertad de hacer e ir en contra del gobierno.
Si la UDI no esconde su deseo de fagocitar a la DC, en RN existe la tentación de arrimarse a la DC porque presumen que tienen más ADN compartido que con sus socios de gobierno. Quizás el accionar de los partidos de derecha por sumar o no a la DC pueda marcar el futuro de la política y de la derecha en particular.
Más que marcar el rumbo de una Nueva Derecha como algunos deseaban, las peleas internas de la Coalición por el Cambio, han sacado a relucir lo peor de ellos, algo que ni siquiera la Concertación podría haber generado, y más que señalar que existe una Nueva Derecha, lo que quedan son varias derechas que se despedazan unas con otras.
Históricamente, RN y la UDI no han sido una pareja feliz, sino más bien un matrimonio por conveniencia, los que han debido seguir juntos porque no observa otro destino posible. Para RN y la UDI el divorcio no es un camino viable, es preferible seguir juntos y maltratarse mutuamente antes que separarse, aun cuando cada uno de ellos coquetee con la DC, con quien piensan tendrían una mejor relación.
La UDI, inspirada por Jaime Guzmán, quien no era fanático del multipartidismo chileno e hizo todo lo posible institucionalmente para generar condiciones para existiesen una mínima cantidad de partidos, por ejemplo con el sistema binominal, pero que a la larga no logró disminuir la cantidad de partidos políticos sino que los mantuvo y los perpetuó. Así mismo la UDI se siente incómoda con un socio que juegue en igualdad de condiciones con ellos, creen que poseen las cualidades y las capacidades para poner a uno de sus hombres en La Moneda y gobernar sin ayuda de otro partido al estilo de la DC durante el tiempo de Frei Montalva. Son el partido más votado popularmente y creen que esto les da el derecho para moverse a sus anchas e incluso golpearle la mesa al Presidente de la República, de paso mostrando que su apoyo a Piñera es más al poder que detenta que a la figura que representa él mismo. El apoyo que le entrega la UDI a Piñera es más bien técnico que genuino. Detrás de ese apoyo no se esconde con sutileza el anhelo de poder, la confianza de que el poder debería ser de ellos por derecho propio.
En RN, a pasar de ser el partido del Presidente, no se han comportado como tal. Si la esposa del Cesar no sólo tiene que serlo sino también parecerlo, RN se ha distanciado evidentemente de Piñera.
Cuando Piñera ganó las elecciones, en RN validaron una cláusula en que si un miembro de su partido llega a la máxima magistratura debía dejar su militancia, acto que Piñera ejecutó prontamente con el fin explicado de quedar en libertad de acción, pero en la práctica más parece que RN ha quedado en libertad de hacer e ir en contra del gobierno.
Si la UDI no esconde su deseo de fagocitar a la DC, en RN existe la tentación de arrimarse a la DC porque presumen que tienen más ADN compartido que con sus socios de gobierno. Quizás el accionar de los partidos de derecha por sumar o no a la DC pueda marcar el futuro de la política y de la derecha en particular.
Más que marcar el rumbo de una Nueva Derecha como algunos deseaban, las peleas internas de la Coalición por el Cambio, han sacado a relucir lo peor de ellos, algo que ni siquiera la Concertación podría haber generado, y más que señalar que existe una Nueva Derecha, lo que quedan son varias derechas que se despedazan unas con otras.
sábado, 15 de enero de 2011
La "patrulla juvenil" y la Nueva Derecha
Finalmente el presidente Sebastián Piñera a cambiado a su gabinete ingresando a dos reconocidos políticos de derecha, Evelyn Matthei y Andrés Allamand, con los que de uno u otro modo a tenido más de algún desencuentro en su vida política.
A Piñera junto con Matthei, Allamand (sumado a Alberto Espina) se los denominaba la "patrulla juvenil", un grupo de políticos jóvenes que serían los encargados de comandar el futuro de la derecha y darle nuevos aires. Sin embargo, la realidad fue más fuerte y algunos de ellos terminaron como enemigos irreconciliables. Un ejemplo: la radio Kioto con que Piñera denostaba a Matthei hizo que estuvieran 16 años distanciados.
Pero más que reflejar la renovación de la derecha, esta patrulla juvenil es el ejemplo de la nueva derecha de la que tanto se ha hablado: neoliberales a ultranza, un poco conservadores pero no talibanes, escépticos de la labor del Estado y timoratos con la dictadura. No es una derecha que cambie de ideario y que haya renovado sus ideologías, sino que se expresa fielmente a través de un pragmatismo político que logra ocultar las ideas, incluso anteponiendo su funcionalidad política a sus creencias.
Su práctica política los ha llevado a que muchas veces se hayan enemistado entre ellos y que en la política hayan seguido caminos paralelos. Basta recordar el episodio de Piñera con Mattthei o las públicas desaveniencias que han tenido Piñera con Allamand. Este modo de hacer política más que levantar el pragmatismo como única forma ideal de hacer política, ha significado más bien una forma de predación política, en que tus mismos aliados el día de mañana puedan pasar a ser tus enemigos y tus enemigos a ser tus socios. Nunca quedó mejor reflejada esa frase que decía que en política los enemigos nunca son eternos, lo que se hace carne en esta patrulla juvenil.
Si bien en algún momento se los observaba como la generación de recambio, la que no tenía que ver con los civiles que se prestaron docilmente a participar en la dictadura, ellos siguieron participando del juego político amparados por esa derecha que generó las reglas del juego en dictadura. Su alejamiento de la dictadura y de la figura de Pinochet es verdadero, pero más desde el olvido y el soslayamiento que desde las convicciones y las ideas.
Ellos son la Nueva Derecha. Ellos la pusieron en marcha antes que se pusiera de moda ese concepto y han contribuido a que las ideas de la derecha -la fe en el mercado, el miedo al otro, la desconfianza en el Estado-, se hayan impregnado a toda la sociedad. Esa es su herencia.
A Piñera junto con Matthei, Allamand (sumado a Alberto Espina) se los denominaba la "patrulla juvenil", un grupo de políticos jóvenes que serían los encargados de comandar el futuro de la derecha y darle nuevos aires. Sin embargo, la realidad fue más fuerte y algunos de ellos terminaron como enemigos irreconciliables. Un ejemplo: la radio Kioto con que Piñera denostaba a Matthei hizo que estuvieran 16 años distanciados.
Pero más que reflejar la renovación de la derecha, esta patrulla juvenil es el ejemplo de la nueva derecha de la que tanto se ha hablado: neoliberales a ultranza, un poco conservadores pero no talibanes, escépticos de la labor del Estado y timoratos con la dictadura. No es una derecha que cambie de ideario y que haya renovado sus ideologías, sino que se expresa fielmente a través de un pragmatismo político que logra ocultar las ideas, incluso anteponiendo su funcionalidad política a sus creencias.
Su práctica política los ha llevado a que muchas veces se hayan enemistado entre ellos y que en la política hayan seguido caminos paralelos. Basta recordar el episodio de Piñera con Mattthei o las públicas desaveniencias que han tenido Piñera con Allamand. Este modo de hacer política más que levantar el pragmatismo como única forma ideal de hacer política, ha significado más bien una forma de predación política, en que tus mismos aliados el día de mañana puedan pasar a ser tus enemigos y tus enemigos a ser tus socios. Nunca quedó mejor reflejada esa frase que decía que en política los enemigos nunca son eternos, lo que se hace carne en esta patrulla juvenil.
Si bien en algún momento se los observaba como la generación de recambio, la que no tenía que ver con los civiles que se prestaron docilmente a participar en la dictadura, ellos siguieron participando del juego político amparados por esa derecha que generó las reglas del juego en dictadura. Su alejamiento de la dictadura y de la figura de Pinochet es verdadero, pero más desde el olvido y el soslayamiento que desde las convicciones y las ideas.
Ellos son la Nueva Derecha. Ellos la pusieron en marcha antes que se pusiera de moda ese concepto y han contribuido a que las ideas de la derecha -la fe en el mercado, el miedo al otro, la desconfianza en el Estado-, se hayan impregnado a toda la sociedad. Esa es su herencia.
jueves, 13 de enero de 2011
La revolución silenciosa
Tal parece que la intención del primer gobierno de derecha en décadas en Chile es dejar una impronta no tan sólo política, sino también estructural.
Así, el gobierno de Piñera ha sido quien ha puesto en la discusión pública las reformas políticas que incluyen el voto voluntario, la inscripción automática, el voto de los chilenos en el extranjero, la modificación del periodo de elecciones y ahora se incluye también la discusión sobre la reforma al sistema binominal. A estas reformas de carácter político y electoral también habría que sumar a algunas de tipo social como la iniciativa para regular las uniones de hecho entre parejas heterosexuales y homosexuales.
Si bien, durante los gobiernos de la Concertación se han dado importantes reformas políticas (la última fue la reforma a la Constitución del 2005) lo de Piñera es un hito que ha sido remarcado por el lugar en donde han sido generadas estas iniciativas: la derecha.
En el imaginario sociopolítico chileno, se tiene siempre en mente a la derecha como un sector representante de una parte de la sociedad muy conservadora en lo moral y liberal en lo económico y que durante los último años había practicado siempre una política más reactiva, que eludía los temas antes que enfrentarlos, que impedía la sola discusión de cambios en la sociedad (como por ejemplo el uso del Tribunal Constitucional para inhabilitar la distribución de la píldora del día después) en vez de propuestas o iniciativas propias.
Pero ahora vemos que no.
La derecha ha cambiado en su praxis política, quizás tiene que ver con ser gobierno después de un largo tiempo y en querer dejar un legado importante en Chile. Por eso estos cambios que han propuesto responden a que desean aplicar sus cambios y que los cambios que son generados desde su sector sean los que perduren en el tiempo. Pero deben tenerse en cuenta también las reformas que no son tan evidentes pero que están siendo patrocinadas con fuerza desde la derecha, como es la reforma educacional promovida por Lavín, los cambios de giro de la JUNJI y del SERNAM y las ventas de las empresas públicas que si bien no son propuestas que generen una masiva discusión pública, son cambios importantísimos que están pasando por debajo como un río subterráneo que no percibiremos hasta que socaven los cimientos sobre los que estamos parados.
Las reformas que propone la derecha no son meros cambios, sino que una profunda revolución silenciosa, parafraseando el título del libro de Joaquín Lavín que escribió en los 80’s para explicar las transformaciones capitalistas que se instalaron durante la dictadura, pero que ya no utiliza los dispositivos del terror para llevar a cabo su plan revolucionario (como mencionaba Moulian), sino los elementos que están presentes en la misma democracia.
La nueva derecha de la que se ha hecho alarde, es la misma derecha que ha estado presente durante los veinte años de gobierno democráticos, pero su accionar se ha modificado con el fin de cambiar las estructuras políticas y sociales. Este accionar es distinto al gatopardismo, que significaba cambiar de posición para mantener el statu quo inalterable, lo de la derecha es transformarse su discurso para emprender las reformas que más les convienen, manejando la agenda pública a gusto y realizando significativas transformaciones por debajo, transformaciones que no están alejadas del ideario de la derecha chilena como es la reducción del papel del Estado y la introducción de la moral conservadora desmembrando las propuestas de un Estado más preocupado y solidario (por ejemplo, con ausencia de la perspectiva de género en el SERNAM o los 7 diferentes planes de educación sexual que presentó el Ministerio de Educación).
Está por verse hasta dónde es el alcance que tendrán estas transformaciones y si es que logran transformar profundamente a la sociedad.
Así, el gobierno de Piñera ha sido quien ha puesto en la discusión pública las reformas políticas que incluyen el voto voluntario, la inscripción automática, el voto de los chilenos en el extranjero, la modificación del periodo de elecciones y ahora se incluye también la discusión sobre la reforma al sistema binominal. A estas reformas de carácter político y electoral también habría que sumar a algunas de tipo social como la iniciativa para regular las uniones de hecho entre parejas heterosexuales y homosexuales.
Si bien, durante los gobiernos de la Concertación se han dado importantes reformas políticas (la última fue la reforma a la Constitución del 2005) lo de Piñera es un hito que ha sido remarcado por el lugar en donde han sido generadas estas iniciativas: la derecha.
En el imaginario sociopolítico chileno, se tiene siempre en mente a la derecha como un sector representante de una parte de la sociedad muy conservadora en lo moral y liberal en lo económico y que durante los último años había practicado siempre una política más reactiva, que eludía los temas antes que enfrentarlos, que impedía la sola discusión de cambios en la sociedad (como por ejemplo el uso del Tribunal Constitucional para inhabilitar la distribución de la píldora del día después) en vez de propuestas o iniciativas propias.
Pero ahora vemos que no.
La derecha ha cambiado en su praxis política, quizás tiene que ver con ser gobierno después de un largo tiempo y en querer dejar un legado importante en Chile. Por eso estos cambios que han propuesto responden a que desean aplicar sus cambios y que los cambios que son generados desde su sector sean los que perduren en el tiempo. Pero deben tenerse en cuenta también las reformas que no son tan evidentes pero que están siendo patrocinadas con fuerza desde la derecha, como es la reforma educacional promovida por Lavín, los cambios de giro de la JUNJI y del SERNAM y las ventas de las empresas públicas que si bien no son propuestas que generen una masiva discusión pública, son cambios importantísimos que están pasando por debajo como un río subterráneo que no percibiremos hasta que socaven los cimientos sobre los que estamos parados.
Las reformas que propone la derecha no son meros cambios, sino que una profunda revolución silenciosa, parafraseando el título del libro de Joaquín Lavín que escribió en los 80’s para explicar las transformaciones capitalistas que se instalaron durante la dictadura, pero que ya no utiliza los dispositivos del terror para llevar a cabo su plan revolucionario (como mencionaba Moulian), sino los elementos que están presentes en la misma democracia.
La nueva derecha de la que se ha hecho alarde, es la misma derecha que ha estado presente durante los veinte años de gobierno democráticos, pero su accionar se ha modificado con el fin de cambiar las estructuras políticas y sociales. Este accionar es distinto al gatopardismo, que significaba cambiar de posición para mantener el statu quo inalterable, lo de la derecha es transformarse su discurso para emprender las reformas que más les convienen, manejando la agenda pública a gusto y realizando significativas transformaciones por debajo, transformaciones que no están alejadas del ideario de la derecha chilena como es la reducción del papel del Estado y la introducción de la moral conservadora desmembrando las propuestas de un Estado más preocupado y solidario (por ejemplo, con ausencia de la perspectiva de género en el SERNAM o los 7 diferentes planes de educación sexual que presentó el Ministerio de Educación).
Está por verse hasta dónde es el alcance que tendrán estas transformaciones y si es que logran transformar profundamente a la sociedad.
jueves, 6 de enero de 2011
La Concertación y la oposición
Luego de las encuestas de opinión, primero del CEP luego de Adimark, se pueden concluir algunas cosas sobre la Concertación y su rol como oposición. Por una parte, la baja que evidencia la Concertación en las encuestas de opinión podría ser un mal que está incrustado en la forma de hacer oposición en el sistema político chileno. Esta hipótesis puede resultar verdadera en cuanto se comprueba que la Alianza también reportaba una baja identificación durante los gobiernos de la Concertación. Esta baja, debería verse entonces desde dos puntos de vista, desde los elementos estructurales del sistema y desde la coyuntura actual de la política específicamente de la Concertación como conglomerado político.
Huelga decir, que el sistema chileno es hiperpresidencialista, la figura y el poder del presidente de la república ocupa todos los espacios políticos y también de las instituciones políticas. Aún cuando un gobierno no tenga mayoría en el Congreso, esto no es un impedimento para que no logre promover o avanzar con su programa de gobierno. Ya lo sabe bien Piñera que en su primer año de gobierno no ha tenido mayoría en el Senado y aún así ha logrado sacar adelante iniciativas complicadas como la ley de presupuesto. Este hiperpresidencialismo, finalmente redunda en que la oposición e incluso el Congreso van siempre al ritmo del gobierno, a pesar de las mayorías parlamentarias, y de cierta forma, el Congreso no cuenta con poderes suficientes para concretarse como un verdadero contrapeso al gobierno, como es el caso de la herramienta de la interpelación que en teoría habría sido un buen ejercicio de contrapesos políticos pero que a la larga se ha transformado en un show mediático.
Del mismo modo, la forma de hacer oposición en Chile no es propositiva, generando propuestas e ideas, se me viene a la mente el modelo inglés en donde la oposición genera un “gabinete en las sombras” no para criticar simplemente la labor del gobierno, sino que también para generar propuestas al parlamento. Se podría argumentar que ese es un ejemplo de un sistema parlamentario, pero en EEUU el Congreso también cuenta con atribuciones y espacios de acción que lo transforman en un contrapeso para el gobierno.
Y entonces, el segundo punto, que tiene relación con la actitud que ha tenido la Concertación durante el primer año que le ha tocado ser oposición. Mucho se ha hablado del estado de coma en que se encuentra la oposición, que aún no logra superar la pérdida del gobierno, su incapacidad para verse ya no como el oficialismo y el conglomerado que lleva la voz cantante. Todos esos elementos que se le achacan a la Concertación, son ciertos, pero también debe considerarse la nula capacidad de adaptación a su nuevo rol de oposición no como una oposición reactiva que funciona en contraposición a las iniciativas del gobierno, sino como un conglomerado de ofrezca ideas, propuestas y una nueva mirada de la política y de la sociedad. Lo que se le exige a fin de cuentas, es que vaya bailando a su propio ritmo, pero un ritmo en definitiva que sea claro y que haya sido adoptado democráticamente.
Ahora hablamos de la oposición y se piensa automáticamente en la Concertación, habría que ver que sucedería en un sistema electoral que no excluya a las minorías políticas y ver como se constituirían los partidos que hoy forman la Concertación, más los partidos que podrían ingresar el Congreso si no existiese el binominal. Habría que plantearse cuál sería el rol de la oposición –o de los partidos de oposición, en plural- para generar un cambio al sistema de elecciones.
Pero en las mismas encuestas de opinión, lo más preocupante no es la caída de la identificación con la Concertación, sino que con todo el sistema de representación política o el sistema de partidos. Al final, que la Concertación o la Coalición bajen o suban en su identificación popular es propio de las épocas históricas que se viven. Todas las épocas políticas he tenido conglomerados que han estado en el gobierno o en la oposición y no sería la primera vez que estas alianzas políticas desaparezcan, se modifiquen o se reagrupen. Esta, si bien es una discusión importante, lo es desde la perspectiva histórica. Lo que es ahora socialmente relevante es el crecimiento de la desafección con la política en gran parte de la población, de la gente que ni siquiera se identifica con la política. Realmente es preocupante también el nivel de desaprobación que posee el Congreso, tanto el Senado como la Cámara de Diputados, que es donde debería estar situado el corazón de la política. Esto va a seguir siendo la piedra de tope de la política sino se realizan reformas de fondo, tanto desde el sistema político como de los actores relevantes.
Huelga decir, que el sistema chileno es hiperpresidencialista, la figura y el poder del presidente de la república ocupa todos los espacios políticos y también de las instituciones políticas. Aún cuando un gobierno no tenga mayoría en el Congreso, esto no es un impedimento para que no logre promover o avanzar con su programa de gobierno. Ya lo sabe bien Piñera que en su primer año de gobierno no ha tenido mayoría en el Senado y aún así ha logrado sacar adelante iniciativas complicadas como la ley de presupuesto. Este hiperpresidencialismo, finalmente redunda en que la oposición e incluso el Congreso van siempre al ritmo del gobierno, a pesar de las mayorías parlamentarias, y de cierta forma, el Congreso no cuenta con poderes suficientes para concretarse como un verdadero contrapeso al gobierno, como es el caso de la herramienta de la interpelación que en teoría habría sido un buen ejercicio de contrapesos políticos pero que a la larga se ha transformado en un show mediático.
Del mismo modo, la forma de hacer oposición en Chile no es propositiva, generando propuestas e ideas, se me viene a la mente el modelo inglés en donde la oposición genera un “gabinete en las sombras” no para criticar simplemente la labor del gobierno, sino que también para generar propuestas al parlamento. Se podría argumentar que ese es un ejemplo de un sistema parlamentario, pero en EEUU el Congreso también cuenta con atribuciones y espacios de acción que lo transforman en un contrapeso para el gobierno.
Y entonces, el segundo punto, que tiene relación con la actitud que ha tenido la Concertación durante el primer año que le ha tocado ser oposición. Mucho se ha hablado del estado de coma en que se encuentra la oposición, que aún no logra superar la pérdida del gobierno, su incapacidad para verse ya no como el oficialismo y el conglomerado que lleva la voz cantante. Todos esos elementos que se le achacan a la Concertación, son ciertos, pero también debe considerarse la nula capacidad de adaptación a su nuevo rol de oposición no como una oposición reactiva que funciona en contraposición a las iniciativas del gobierno, sino como un conglomerado de ofrezca ideas, propuestas y una nueva mirada de la política y de la sociedad. Lo que se le exige a fin de cuentas, es que vaya bailando a su propio ritmo, pero un ritmo en definitiva que sea claro y que haya sido adoptado democráticamente.
Ahora hablamos de la oposición y se piensa automáticamente en la Concertación, habría que ver que sucedería en un sistema electoral que no excluya a las minorías políticas y ver como se constituirían los partidos que hoy forman la Concertación, más los partidos que podrían ingresar el Congreso si no existiese el binominal. Habría que plantearse cuál sería el rol de la oposición –o de los partidos de oposición, en plural- para generar un cambio al sistema de elecciones.
Pero en las mismas encuestas de opinión, lo más preocupante no es la caída de la identificación con la Concertación, sino que con todo el sistema de representación política o el sistema de partidos. Al final, que la Concertación o la Coalición bajen o suban en su identificación popular es propio de las épocas históricas que se viven. Todas las épocas políticas he tenido conglomerados que han estado en el gobierno o en la oposición y no sería la primera vez que estas alianzas políticas desaparezcan, se modifiquen o se reagrupen. Esta, si bien es una discusión importante, lo es desde la perspectiva histórica. Lo que es ahora socialmente relevante es el crecimiento de la desafección con la política en gran parte de la población, de la gente que ni siquiera se identifica con la política. Realmente es preocupante también el nivel de desaprobación que posee el Congreso, tanto el Senado como la Cámara de Diputados, que es donde debería estar situado el corazón de la política. Esto va a seguir siendo la piedra de tope de la política sino se realizan reformas de fondo, tanto desde el sistema político como de los actores relevantes.
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