Tal parece que la intención del primer gobierno de derecha en décadas en Chile es dejar una impronta no tan sólo política, sino también estructural.
Así, el gobierno de Piñera ha sido quien ha puesto en la discusión pública las reformas políticas que incluyen el voto voluntario, la inscripción automática, el voto de los chilenos en el extranjero, la modificación del periodo de elecciones y ahora se incluye también la discusión sobre la reforma al sistema binominal. A estas reformas de carácter político y electoral también habría que sumar a algunas de tipo social como la iniciativa para regular las uniones de hecho entre parejas heterosexuales y homosexuales.
Si bien, durante los gobiernos de la Concertación se han dado importantes reformas políticas (la última fue la reforma a la Constitución del 2005) lo de Piñera es un hito que ha sido remarcado por el lugar en donde han sido generadas estas iniciativas: la derecha.
En el imaginario sociopolítico chileno, se tiene siempre en mente a la derecha como un sector representante de una parte de la sociedad muy conservadora en lo moral y liberal en lo económico y que durante los último años había practicado siempre una política más reactiva, que eludía los temas antes que enfrentarlos, que impedía la sola discusión de cambios en la sociedad (como por ejemplo el uso del Tribunal Constitucional para inhabilitar la distribución de la píldora del día después) en vez de propuestas o iniciativas propias.
Pero ahora vemos que no.
La derecha ha cambiado en su praxis política, quizás tiene que ver con ser gobierno después de un largo tiempo y en querer dejar un legado importante en Chile. Por eso estos cambios que han propuesto responden a que desean aplicar sus cambios y que los cambios que son generados desde su sector sean los que perduren en el tiempo. Pero deben tenerse en cuenta también las reformas que no son tan evidentes pero que están siendo patrocinadas con fuerza desde la derecha, como es la reforma educacional promovida por Lavín, los cambios de giro de la JUNJI y del SERNAM y las ventas de las empresas públicas que si bien no son propuestas que generen una masiva discusión pública, son cambios importantísimos que están pasando por debajo como un río subterráneo que no percibiremos hasta que socaven los cimientos sobre los que estamos parados.
Las reformas que propone la derecha no son meros cambios, sino que una profunda revolución silenciosa, parafraseando el título del libro de Joaquín Lavín que escribió en los 80’s para explicar las transformaciones capitalistas que se instalaron durante la dictadura, pero que ya no utiliza los dispositivos del terror para llevar a cabo su plan revolucionario (como mencionaba Moulian), sino los elementos que están presentes en la misma democracia.
La nueva derecha de la que se ha hecho alarde, es la misma derecha que ha estado presente durante los veinte años de gobierno democráticos, pero su accionar se ha modificado con el fin de cambiar las estructuras políticas y sociales. Este accionar es distinto al gatopardismo, que significaba cambiar de posición para mantener el statu quo inalterable, lo de la derecha es transformarse su discurso para emprender las reformas que más les convienen, manejando la agenda pública a gusto y realizando significativas transformaciones por debajo, transformaciones que no están alejadas del ideario de la derecha chilena como es la reducción del papel del Estado y la introducción de la moral conservadora desmembrando las propuestas de un Estado más preocupado y solidario (por ejemplo, con ausencia de la perspectiva de género en el SERNAM o los 7 diferentes planes de educación sexual que presentó el Ministerio de Educación).
Está por verse hasta dónde es el alcance que tendrán estas transformaciones y si es que logran transformar profundamente a la sociedad.
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