sábado, 15 de enero de 2011

La "patrulla juvenil" y la Nueva Derecha

Finalmente el presidente Sebastián Piñera a cambiado a su gabinete ingresando a dos reconocidos políticos de derecha, Evelyn Matthei y Andrés Allamand, con los que de uno u otro modo a tenido más de algún desencuentro en su vida política.

A Piñera junto con Matthei, Allamand (sumado a Alberto Espina) se los denominaba la "patrulla juvenil", un grupo de políticos jóvenes que serían los encargados de comandar el futuro de la derecha y darle nuevos aires. Sin embargo, la realidad fue más fuerte y algunos de ellos terminaron como enemigos irreconciliables. Un ejemplo: la radio Kioto con que Piñera denostaba a Matthei hizo que estuvieran 16 años distanciados.

Pero más que reflejar la renovación de la derecha, esta patrulla juvenil es el ejemplo de la nueva derecha de la que tanto se ha hablado: neoliberales a ultranza, un poco conservadores pero no talibanes, escépticos de la labor del Estado y timoratos con la dictadura. No es una derecha que cambie de ideario y que haya renovado sus ideologías, sino que se expresa fielmente a través de un pragmatismo político que logra ocultar las ideas, incluso anteponiendo su funcionalidad política a sus creencias.

Su práctica política los ha llevado a que muchas veces se hayan enemistado entre ellos y que en la política hayan seguido caminos paralelos. Basta recordar el episodio de Piñera con Mattthei o las públicas desaveniencias que han tenido Piñera con Allamand. Este modo de hacer política más que levantar el pragmatismo como única forma ideal de hacer política, ha significado más bien una forma de predación política, en que tus mismos aliados el día de mañana puedan pasar a ser tus enemigos y tus enemigos a ser tus socios. Nunca quedó mejor reflejada esa frase que decía que en política los enemigos nunca son eternos, lo que se hace carne en esta patrulla juvenil.

Si bien en algún momento se los observaba como la generación de recambio, la que no tenía que ver con los civiles que se prestaron docilmente a participar en la dictadura, ellos siguieron participando del juego político amparados por esa derecha que generó las reglas del juego en dictadura. Su alejamiento de la dictadura y de la figura de Pinochet es verdadero, pero más desde el olvido y el soslayamiento que desde las convicciones y las ideas.

Ellos son la Nueva Derecha. Ellos la pusieron en marcha antes que se pusiera de moda ese concepto y han contribuido a que las ideas de la derecha -la fe en el mercado, el miedo al otro, la desconfianza en el Estado-, se hayan impregnado a toda la sociedad. Esa es su herencia.

jueves, 13 de enero de 2011

La revolución silenciosa

Tal parece que la intención del primer gobierno de derecha en décadas en Chile es dejar una impronta no tan sólo política, sino también estructural.

Así, el gobierno de Piñera ha sido quien ha puesto en la discusión pública las reformas políticas que incluyen el voto voluntario, la inscripción automática, el voto de los chilenos en el extranjero, la modificación del periodo de elecciones y ahora se incluye también la discusión sobre la reforma al sistema binominal. A estas reformas de carácter político y electoral también habría que sumar a algunas de tipo social como la iniciativa para regular las uniones de hecho entre parejas heterosexuales y homosexuales.

Si bien, durante los gobiernos de la Concertación se han dado importantes reformas políticas (la última fue la reforma a la Constitución del 2005) lo de Piñera es un hito que ha sido remarcado por el lugar en donde han sido generadas estas iniciativas: la derecha.

En el imaginario sociopolítico chileno, se tiene siempre en mente a la derecha como un sector representante de una parte de la sociedad muy conservadora en lo moral y liberal en lo económico y que durante los último años había practicado siempre una política más reactiva, que eludía los temas antes que enfrentarlos, que impedía la sola discusión de cambios en la sociedad (como por ejemplo el uso del Tribunal Constitucional para inhabilitar la distribución de la píldora del día después) en vez de propuestas o iniciativas propias.

Pero ahora vemos que no.

La derecha ha cambiado en su praxis política, quizás tiene que ver con ser gobierno después de un largo tiempo y en querer dejar un legado importante en Chile. Por eso estos cambios que han propuesto responden a que desean aplicar sus cambios y que los cambios que son generados desde su sector sean los que perduren en el tiempo. Pero deben tenerse en cuenta también las reformas que no son tan evidentes pero que están siendo patrocinadas con fuerza desde la derecha, como es la reforma educacional promovida por Lavín, los cambios de giro de la JUNJI y del SERNAM y las ventas de las empresas públicas que si bien no son propuestas que generen una masiva discusión pública, son cambios importantísimos que están pasando por debajo como un río subterráneo que no percibiremos hasta que socaven los cimientos sobre los que estamos parados.

Las reformas que propone la derecha no son meros cambios, sino que una profunda revolución silenciosa, parafraseando el título del libro de Joaquín Lavín que escribió en los 80’s para explicar las transformaciones capitalistas que se instalaron durante la dictadura, pero que ya no utiliza los dispositivos del terror para llevar a cabo su plan revolucionario (como mencionaba Moulian), sino los elementos que están presentes en la misma democracia.

La nueva derecha de la que se ha hecho alarde, es la misma derecha que ha estado presente durante los veinte años de gobierno democráticos, pero su accionar se ha modificado con el fin de cambiar las estructuras políticas y sociales. Este accionar es distinto al gatopardismo, que significaba cambiar de posición para mantener el statu quo inalterable, lo de la derecha es transformarse su discurso para emprender las reformas que más les convienen, manejando la agenda pública a gusto y realizando significativas transformaciones por debajo, transformaciones que no están alejadas del ideario de la derecha chilena como es la reducción del papel del Estado y la introducción de la moral conservadora desmembrando las propuestas de un Estado más preocupado y solidario (por ejemplo, con ausencia de la perspectiva de género en el SERNAM o los 7 diferentes planes de educación sexual que presentó el Ministerio de Educación).

Está por verse hasta dónde es el alcance que tendrán estas transformaciones y si es que logran transformar profundamente a la sociedad.

jueves, 6 de enero de 2011

La Concertación y la oposición

Luego de las encuestas de opinión, primero del CEP luego de Adimark, se pueden concluir algunas cosas sobre la Concertación y su rol como oposición. Por una parte, la baja que evidencia la Concertación en las encuestas de opinión podría ser un mal que está incrustado en la forma de hacer oposición en el sistema político chileno. Esta hipótesis puede resultar verdadera en cuanto se comprueba que la Alianza también reportaba una baja identificación durante los gobiernos de la Concertación. Esta baja, debería verse entonces desde dos puntos de vista, desde los elementos estructurales del sistema y desde la coyuntura actual de la política específicamente de la Concertación como conglomerado político.
Huelga decir, que el sistema chileno es hiperpresidencialista, la figura y el poder del presidente de la república ocupa todos los espacios políticos y también de las instituciones políticas. Aún cuando un gobierno no tenga mayoría en el Congreso, esto no es un impedimento para que no logre promover o avanzar con su programa de gobierno. Ya lo sabe bien Piñera que en su primer año de gobierno no ha tenido mayoría en el Senado y aún así ha logrado sacar adelante iniciativas complicadas como la ley de presupuesto. Este hiperpresidencialismo, finalmente redunda en que la oposición e incluso el Congreso van siempre al ritmo del gobierno, a pesar de las mayorías parlamentarias, y de cierta forma, el Congreso no cuenta con poderes suficientes para concretarse como un verdadero contrapeso al gobierno, como es el caso de la herramienta de la interpelación que en teoría habría sido un buen ejercicio de contrapesos políticos pero que a la larga se ha transformado en un show mediático.
Del mismo modo, la forma de hacer oposición en Chile no es propositiva, generando propuestas e ideas, se me viene a la mente el modelo inglés en donde la oposición genera un “gabinete en las sombras” no para criticar simplemente la labor del gobierno, sino que también para generar propuestas al parlamento. Se podría argumentar que ese es un ejemplo de un sistema parlamentario, pero en EEUU el Congreso también cuenta con atribuciones y espacios de acción que lo transforman en un contrapeso para el gobierno.
Y entonces, el segundo punto, que tiene relación con la actitud que ha tenido la Concertación durante el primer año que le ha tocado ser oposición. Mucho se ha hablado del estado de coma en que se encuentra la oposición, que aún no logra superar la pérdida del gobierno, su incapacidad para verse ya no como el oficialismo y el conglomerado que lleva la voz cantante. Todos esos elementos que se le achacan a la Concertación, son ciertos, pero también debe considerarse la nula capacidad de adaptación a su nuevo rol de oposición no como una oposición reactiva que funciona en contraposición a las iniciativas del gobierno, sino como un conglomerado de ofrezca ideas, propuestas y una nueva mirada de la política y de la sociedad. Lo que se le exige a fin de cuentas, es que vaya bailando a su propio ritmo, pero un ritmo en definitiva que sea claro y que haya sido adoptado democráticamente.
Ahora hablamos de la oposición y se piensa automáticamente en la Concertación, habría que ver que sucedería en un sistema electoral que no excluya a las minorías políticas y ver como se constituirían los partidos que hoy forman la Concertación, más los partidos que podrían ingresar el Congreso si no existiese el binominal. Habría que plantearse cuál sería el rol de la oposición –o de los partidos de oposición, en plural- para generar un cambio al sistema de elecciones.
Pero en las mismas encuestas de opinión, lo más preocupante no es la caída de la identificación con la Concertación, sino que con todo el sistema de representación política o el sistema de partidos. Al final, que la Concertación o la Coalición bajen o suban en su identificación popular es propio de las épocas históricas que se viven. Todas las épocas políticas he tenido conglomerados que han estado en el gobierno o en la oposición y no sería la primera vez que estas alianzas políticas desaparezcan, se modifiquen o se reagrupen. Esta, si bien es una discusión importante, lo es desde la perspectiva histórica. Lo que es ahora socialmente relevante es el crecimiento de la desafección con la política en gran parte de la población, de la gente que ni siquiera se identifica con la política. Realmente es preocupante también el nivel de desaprobación que posee el Congreso, tanto el Senado como la Cámara de Diputados, que es donde debería estar situado el corazón de la política. Esto va a seguir siendo la piedra de tope de la política sino se realizan reformas de fondo, tanto desde el sistema político como de los actores relevantes.