Finalmente el presidente Sebastián Piñera a cambiado a su gabinete ingresando a dos reconocidos políticos de derecha, Evelyn Matthei y Andrés Allamand, con los que de uno u otro modo a tenido más de algún desencuentro en su vida política.
A Piñera junto con Matthei, Allamand (sumado a Alberto Espina) se los denominaba la "patrulla juvenil", un grupo de políticos jóvenes que serían los encargados de comandar el futuro de la derecha y darle nuevos aires. Sin embargo, la realidad fue más fuerte y algunos de ellos terminaron como enemigos irreconciliables. Un ejemplo: la radio Kioto con que Piñera denostaba a Matthei hizo que estuvieran 16 años distanciados.
Pero más que reflejar la renovación de la derecha, esta patrulla juvenil es el ejemplo de la nueva derecha de la que tanto se ha hablado: neoliberales a ultranza, un poco conservadores pero no talibanes, escépticos de la labor del Estado y timoratos con la dictadura. No es una derecha que cambie de ideario y que haya renovado sus ideologías, sino que se expresa fielmente a través de un pragmatismo político que logra ocultar las ideas, incluso anteponiendo su funcionalidad política a sus creencias.
Su práctica política los ha llevado a que muchas veces se hayan enemistado entre ellos y que en la política hayan seguido caminos paralelos. Basta recordar el episodio de Piñera con Mattthei o las públicas desaveniencias que han tenido Piñera con Allamand. Este modo de hacer política más que levantar el pragmatismo como única forma ideal de hacer política, ha significado más bien una forma de predación política, en que tus mismos aliados el día de mañana puedan pasar a ser tus enemigos y tus enemigos a ser tus socios. Nunca quedó mejor reflejada esa frase que decía que en política los enemigos nunca son eternos, lo que se hace carne en esta patrulla juvenil.
Si bien en algún momento se los observaba como la generación de recambio, la que no tenía que ver con los civiles que se prestaron docilmente a participar en la dictadura, ellos siguieron participando del juego político amparados por esa derecha que generó las reglas del juego en dictadura. Su alejamiento de la dictadura y de la figura de Pinochet es verdadero, pero más desde el olvido y el soslayamiento que desde las convicciones y las ideas.
Ellos son la Nueva Derecha. Ellos la pusieron en marcha antes que se pusiera de moda ese concepto y han contribuido a que las ideas de la derecha -la fe en el mercado, el miedo al otro, la desconfianza en el Estado-, se hayan impregnado a toda la sociedad. Esa es su herencia.
sábado, 15 de enero de 2011
jueves, 13 de enero de 2011
La revolución silenciosa
Tal parece que la intención del primer gobierno de derecha en décadas en Chile es dejar una impronta no tan sólo política, sino también estructural.
Así, el gobierno de Piñera ha sido quien ha puesto en la discusión pública las reformas políticas que incluyen el voto voluntario, la inscripción automática, el voto de los chilenos en el extranjero, la modificación del periodo de elecciones y ahora se incluye también la discusión sobre la reforma al sistema binominal. A estas reformas de carácter político y electoral también habría que sumar a algunas de tipo social como la iniciativa para regular las uniones de hecho entre parejas heterosexuales y homosexuales.
Si bien, durante los gobiernos de la Concertación se han dado importantes reformas políticas (la última fue la reforma a la Constitución del 2005) lo de Piñera es un hito que ha sido remarcado por el lugar en donde han sido generadas estas iniciativas: la derecha.
En el imaginario sociopolítico chileno, se tiene siempre en mente a la derecha como un sector representante de una parte de la sociedad muy conservadora en lo moral y liberal en lo económico y que durante los último años había practicado siempre una política más reactiva, que eludía los temas antes que enfrentarlos, que impedía la sola discusión de cambios en la sociedad (como por ejemplo el uso del Tribunal Constitucional para inhabilitar la distribución de la píldora del día después) en vez de propuestas o iniciativas propias.
Pero ahora vemos que no.
La derecha ha cambiado en su praxis política, quizás tiene que ver con ser gobierno después de un largo tiempo y en querer dejar un legado importante en Chile. Por eso estos cambios que han propuesto responden a que desean aplicar sus cambios y que los cambios que son generados desde su sector sean los que perduren en el tiempo. Pero deben tenerse en cuenta también las reformas que no son tan evidentes pero que están siendo patrocinadas con fuerza desde la derecha, como es la reforma educacional promovida por Lavín, los cambios de giro de la JUNJI y del SERNAM y las ventas de las empresas públicas que si bien no son propuestas que generen una masiva discusión pública, son cambios importantísimos que están pasando por debajo como un río subterráneo que no percibiremos hasta que socaven los cimientos sobre los que estamos parados.
Las reformas que propone la derecha no son meros cambios, sino que una profunda revolución silenciosa, parafraseando el título del libro de Joaquín Lavín que escribió en los 80’s para explicar las transformaciones capitalistas que se instalaron durante la dictadura, pero que ya no utiliza los dispositivos del terror para llevar a cabo su plan revolucionario (como mencionaba Moulian), sino los elementos que están presentes en la misma democracia.
La nueva derecha de la que se ha hecho alarde, es la misma derecha que ha estado presente durante los veinte años de gobierno democráticos, pero su accionar se ha modificado con el fin de cambiar las estructuras políticas y sociales. Este accionar es distinto al gatopardismo, que significaba cambiar de posición para mantener el statu quo inalterable, lo de la derecha es transformarse su discurso para emprender las reformas que más les convienen, manejando la agenda pública a gusto y realizando significativas transformaciones por debajo, transformaciones que no están alejadas del ideario de la derecha chilena como es la reducción del papel del Estado y la introducción de la moral conservadora desmembrando las propuestas de un Estado más preocupado y solidario (por ejemplo, con ausencia de la perspectiva de género en el SERNAM o los 7 diferentes planes de educación sexual que presentó el Ministerio de Educación).
Está por verse hasta dónde es el alcance que tendrán estas transformaciones y si es que logran transformar profundamente a la sociedad.
Así, el gobierno de Piñera ha sido quien ha puesto en la discusión pública las reformas políticas que incluyen el voto voluntario, la inscripción automática, el voto de los chilenos en el extranjero, la modificación del periodo de elecciones y ahora se incluye también la discusión sobre la reforma al sistema binominal. A estas reformas de carácter político y electoral también habría que sumar a algunas de tipo social como la iniciativa para regular las uniones de hecho entre parejas heterosexuales y homosexuales.
Si bien, durante los gobiernos de la Concertación se han dado importantes reformas políticas (la última fue la reforma a la Constitución del 2005) lo de Piñera es un hito que ha sido remarcado por el lugar en donde han sido generadas estas iniciativas: la derecha.
En el imaginario sociopolítico chileno, se tiene siempre en mente a la derecha como un sector representante de una parte de la sociedad muy conservadora en lo moral y liberal en lo económico y que durante los último años había practicado siempre una política más reactiva, que eludía los temas antes que enfrentarlos, que impedía la sola discusión de cambios en la sociedad (como por ejemplo el uso del Tribunal Constitucional para inhabilitar la distribución de la píldora del día después) en vez de propuestas o iniciativas propias.
Pero ahora vemos que no.
La derecha ha cambiado en su praxis política, quizás tiene que ver con ser gobierno después de un largo tiempo y en querer dejar un legado importante en Chile. Por eso estos cambios que han propuesto responden a que desean aplicar sus cambios y que los cambios que son generados desde su sector sean los que perduren en el tiempo. Pero deben tenerse en cuenta también las reformas que no son tan evidentes pero que están siendo patrocinadas con fuerza desde la derecha, como es la reforma educacional promovida por Lavín, los cambios de giro de la JUNJI y del SERNAM y las ventas de las empresas públicas que si bien no son propuestas que generen una masiva discusión pública, son cambios importantísimos que están pasando por debajo como un río subterráneo que no percibiremos hasta que socaven los cimientos sobre los que estamos parados.
Las reformas que propone la derecha no son meros cambios, sino que una profunda revolución silenciosa, parafraseando el título del libro de Joaquín Lavín que escribió en los 80’s para explicar las transformaciones capitalistas que se instalaron durante la dictadura, pero que ya no utiliza los dispositivos del terror para llevar a cabo su plan revolucionario (como mencionaba Moulian), sino los elementos que están presentes en la misma democracia.
La nueva derecha de la que se ha hecho alarde, es la misma derecha que ha estado presente durante los veinte años de gobierno democráticos, pero su accionar se ha modificado con el fin de cambiar las estructuras políticas y sociales. Este accionar es distinto al gatopardismo, que significaba cambiar de posición para mantener el statu quo inalterable, lo de la derecha es transformarse su discurso para emprender las reformas que más les convienen, manejando la agenda pública a gusto y realizando significativas transformaciones por debajo, transformaciones que no están alejadas del ideario de la derecha chilena como es la reducción del papel del Estado y la introducción de la moral conservadora desmembrando las propuestas de un Estado más preocupado y solidario (por ejemplo, con ausencia de la perspectiva de género en el SERNAM o los 7 diferentes planes de educación sexual que presentó el Ministerio de Educación).
Está por verse hasta dónde es el alcance que tendrán estas transformaciones y si es que logran transformar profundamente a la sociedad.
jueves, 6 de enero de 2011
La Concertación y la oposición
Luego de las encuestas de opinión, primero del CEP luego de Adimark, se pueden concluir algunas cosas sobre la Concertación y su rol como oposición. Por una parte, la baja que evidencia la Concertación en las encuestas de opinión podría ser un mal que está incrustado en la forma de hacer oposición en el sistema político chileno. Esta hipótesis puede resultar verdadera en cuanto se comprueba que la Alianza también reportaba una baja identificación durante los gobiernos de la Concertación. Esta baja, debería verse entonces desde dos puntos de vista, desde los elementos estructurales del sistema y desde la coyuntura actual de la política específicamente de la Concertación como conglomerado político.
Huelga decir, que el sistema chileno es hiperpresidencialista, la figura y el poder del presidente de la república ocupa todos los espacios políticos y también de las instituciones políticas. Aún cuando un gobierno no tenga mayoría en el Congreso, esto no es un impedimento para que no logre promover o avanzar con su programa de gobierno. Ya lo sabe bien Piñera que en su primer año de gobierno no ha tenido mayoría en el Senado y aún así ha logrado sacar adelante iniciativas complicadas como la ley de presupuesto. Este hiperpresidencialismo, finalmente redunda en que la oposición e incluso el Congreso van siempre al ritmo del gobierno, a pesar de las mayorías parlamentarias, y de cierta forma, el Congreso no cuenta con poderes suficientes para concretarse como un verdadero contrapeso al gobierno, como es el caso de la herramienta de la interpelación que en teoría habría sido un buen ejercicio de contrapesos políticos pero que a la larga se ha transformado en un show mediático.
Del mismo modo, la forma de hacer oposición en Chile no es propositiva, generando propuestas e ideas, se me viene a la mente el modelo inglés en donde la oposición genera un “gabinete en las sombras” no para criticar simplemente la labor del gobierno, sino que también para generar propuestas al parlamento. Se podría argumentar que ese es un ejemplo de un sistema parlamentario, pero en EEUU el Congreso también cuenta con atribuciones y espacios de acción que lo transforman en un contrapeso para el gobierno.
Y entonces, el segundo punto, que tiene relación con la actitud que ha tenido la Concertación durante el primer año que le ha tocado ser oposición. Mucho se ha hablado del estado de coma en que se encuentra la oposición, que aún no logra superar la pérdida del gobierno, su incapacidad para verse ya no como el oficialismo y el conglomerado que lleva la voz cantante. Todos esos elementos que se le achacan a la Concertación, son ciertos, pero también debe considerarse la nula capacidad de adaptación a su nuevo rol de oposición no como una oposición reactiva que funciona en contraposición a las iniciativas del gobierno, sino como un conglomerado de ofrezca ideas, propuestas y una nueva mirada de la política y de la sociedad. Lo que se le exige a fin de cuentas, es que vaya bailando a su propio ritmo, pero un ritmo en definitiva que sea claro y que haya sido adoptado democráticamente.
Ahora hablamos de la oposición y se piensa automáticamente en la Concertación, habría que ver que sucedería en un sistema electoral que no excluya a las minorías políticas y ver como se constituirían los partidos que hoy forman la Concertación, más los partidos que podrían ingresar el Congreso si no existiese el binominal. Habría que plantearse cuál sería el rol de la oposición –o de los partidos de oposición, en plural- para generar un cambio al sistema de elecciones.
Pero en las mismas encuestas de opinión, lo más preocupante no es la caída de la identificación con la Concertación, sino que con todo el sistema de representación política o el sistema de partidos. Al final, que la Concertación o la Coalición bajen o suban en su identificación popular es propio de las épocas históricas que se viven. Todas las épocas políticas he tenido conglomerados que han estado en el gobierno o en la oposición y no sería la primera vez que estas alianzas políticas desaparezcan, se modifiquen o se reagrupen. Esta, si bien es una discusión importante, lo es desde la perspectiva histórica. Lo que es ahora socialmente relevante es el crecimiento de la desafección con la política en gran parte de la población, de la gente que ni siquiera se identifica con la política. Realmente es preocupante también el nivel de desaprobación que posee el Congreso, tanto el Senado como la Cámara de Diputados, que es donde debería estar situado el corazón de la política. Esto va a seguir siendo la piedra de tope de la política sino se realizan reformas de fondo, tanto desde el sistema político como de los actores relevantes.
Huelga decir, que el sistema chileno es hiperpresidencialista, la figura y el poder del presidente de la república ocupa todos los espacios políticos y también de las instituciones políticas. Aún cuando un gobierno no tenga mayoría en el Congreso, esto no es un impedimento para que no logre promover o avanzar con su programa de gobierno. Ya lo sabe bien Piñera que en su primer año de gobierno no ha tenido mayoría en el Senado y aún así ha logrado sacar adelante iniciativas complicadas como la ley de presupuesto. Este hiperpresidencialismo, finalmente redunda en que la oposición e incluso el Congreso van siempre al ritmo del gobierno, a pesar de las mayorías parlamentarias, y de cierta forma, el Congreso no cuenta con poderes suficientes para concretarse como un verdadero contrapeso al gobierno, como es el caso de la herramienta de la interpelación que en teoría habría sido un buen ejercicio de contrapesos políticos pero que a la larga se ha transformado en un show mediático.
Del mismo modo, la forma de hacer oposición en Chile no es propositiva, generando propuestas e ideas, se me viene a la mente el modelo inglés en donde la oposición genera un “gabinete en las sombras” no para criticar simplemente la labor del gobierno, sino que también para generar propuestas al parlamento. Se podría argumentar que ese es un ejemplo de un sistema parlamentario, pero en EEUU el Congreso también cuenta con atribuciones y espacios de acción que lo transforman en un contrapeso para el gobierno.
Y entonces, el segundo punto, que tiene relación con la actitud que ha tenido la Concertación durante el primer año que le ha tocado ser oposición. Mucho se ha hablado del estado de coma en que se encuentra la oposición, que aún no logra superar la pérdida del gobierno, su incapacidad para verse ya no como el oficialismo y el conglomerado que lleva la voz cantante. Todos esos elementos que se le achacan a la Concertación, son ciertos, pero también debe considerarse la nula capacidad de adaptación a su nuevo rol de oposición no como una oposición reactiva que funciona en contraposición a las iniciativas del gobierno, sino como un conglomerado de ofrezca ideas, propuestas y una nueva mirada de la política y de la sociedad. Lo que se le exige a fin de cuentas, es que vaya bailando a su propio ritmo, pero un ritmo en definitiva que sea claro y que haya sido adoptado democráticamente.
Ahora hablamos de la oposición y se piensa automáticamente en la Concertación, habría que ver que sucedería en un sistema electoral que no excluya a las minorías políticas y ver como se constituirían los partidos que hoy forman la Concertación, más los partidos que podrían ingresar el Congreso si no existiese el binominal. Habría que plantearse cuál sería el rol de la oposición –o de los partidos de oposición, en plural- para generar un cambio al sistema de elecciones.
Pero en las mismas encuestas de opinión, lo más preocupante no es la caída de la identificación con la Concertación, sino que con todo el sistema de representación política o el sistema de partidos. Al final, que la Concertación o la Coalición bajen o suban en su identificación popular es propio de las épocas históricas que se viven. Todas las épocas políticas he tenido conglomerados que han estado en el gobierno o en la oposición y no sería la primera vez que estas alianzas políticas desaparezcan, se modifiquen o se reagrupen. Esta, si bien es una discusión importante, lo es desde la perspectiva histórica. Lo que es ahora socialmente relevante es el crecimiento de la desafección con la política en gran parte de la población, de la gente que ni siquiera se identifica con la política. Realmente es preocupante también el nivel de desaprobación que posee el Congreso, tanto el Senado como la Cámara de Diputados, que es donde debería estar situado el corazón de la política. Esto va a seguir siendo la piedra de tope de la política sino se realizan reformas de fondo, tanto desde el sistema político como de los actores relevantes.
miércoles, 19 de mayo de 2010
La aprobación de Piñera y de su gobierno
Según una última encuesta de opinión, la aprobación al gobierno del presidente Piñera tiene una más alta valoración que la del propio presidente, lo que viene a romper una regla que siempre se había dado durante los últimos gobiernos de la Concertación, que la separación entre gobierno y presidente(a) fuera significativa, pero muchas veces era el (la) Jefe(a) de Estado quien se llevaba todos los aplausos. En este caso, es todo lo contrario.
Pareciera que la nueva forma de gobernar de Piñera le estuviera dando frutos no deseados a su administración, pues si bien el presidenta había tenido la intención de formar un gabinete técnico, en que los ministros no tuvieran una mochila política, responde a su forma de gobernar, pero también a la forma en que él se quiere posicionar dentro del gobierno, como un jefe que está en todas partes y quien resuelve todos los asuntos concernientes al gobierno. Pero esta estrategia, que también implicaría dejarlo a él sólo como la figura más iluminada del gobierno, haciendo que nadie de su gabinete descolle más que él, estaría resultándole contraproducente ya que es el gobierno quien tiene la más alta aprobación y no él como lo esperaba.
A esto se suma que haya puesto a Joaquín Lavín en el difícil ministerio de educación, considerando que es una de los pocos miembros del gabinete que tiene un pasado político, con el fin de neutralizarlo y también de neutralizar a la UDI, el partido de Lavín. El ministro de educación había llegado al ministerio ya casi en el atardecer de su carrera política, luego de perder dos veces la candidatura presidencial y una vez la candidatura al senado, además de que en la UDI ya no tenía el mismo peso político que poseía en sus mejores tiempos de candidato, por lo que era una persona que no iba a molestar mucho dentro del gabinete y que no dolería mucho su salida frente a una eventual crisis en su cartera o educacional. Sin embargo, Lavín ahora se posiciona como unos de los ministros mejor evaluados dentro del gabinete de Piñera, seguido por el ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter y la vocera de gobierno Ena von Baer.
Estas dos situaciones se podrían explicar por la forma de gobernar que ha adoptado Piñera en estos sus primeros meses de gobierno: muy personalista, sin delegar funciones a otras personas y no contando con asesores políticos de real peso. Piñera desea manejar todos los hilos del Estado y sobretodo de su gobierno, pero esa misma actitud es la que le está pasando la cuenta y la que no lo deja gobernar libremente.
Durante los gobiernos de la Concertación, el gabinete se erigió como el colchón para amortiguar las demandas ciudadanas, el primer paso antes que los conflictos o los problemas escalaran hasta el o la presidenta. Y fue así como por ejemplo Bachelet salió casi indemne luego de la revolución pingüina, o como Lagos se intentó blindar luego de los casos de corrupción. Porque ante esto, para el jefe de Estado implica un ajuste o un cambio de gabinete, lo que significa un bálsamo frente a los cuestionamientos o los problemas de gestión, pero que en el caso de Piñera, debido a su fuerte personalismo cualquier cambio de gabinete podría significarle una pérdida aún mayor de popularidad o de aprobación.
El presidente debe comprender que no puede gobernar manejando todos los hilos, que debe delegar funciones en personas capacitadas, ya que el ejercicio del poder también representa delegar funciones en las capacidades políticas de las personas que lo rodean. Un buen político sería quién selecciona a su gabinete o su círculo más cercano según las capacidades que puedan otorgar al gobierno, esa debiera ser su labor como presidente, pero en la medida que no deje a su gabinete empoderarse, todos los conflictos siempre llegarán irremediablemente hasta él. Además debe comprender el presidente que debe contar con asesores, pues necesita gente que le informe y le proponga ideas, no puede ser que todas las ideas y las propuestas tengan que salir de su propia cabeza, lo que hace entorpecer la labor gubernamental.
Todo esto no hace más que pensar, que el presidente aún no ha dejado de lado la lógica de gerente de empresa que tanto se le ha criticado y que la población lo está percibiendo a cabalidad.
Pareciera que la nueva forma de gobernar de Piñera le estuviera dando frutos no deseados a su administración, pues si bien el presidenta había tenido la intención de formar un gabinete técnico, en que los ministros no tuvieran una mochila política, responde a su forma de gobernar, pero también a la forma en que él se quiere posicionar dentro del gobierno, como un jefe que está en todas partes y quien resuelve todos los asuntos concernientes al gobierno. Pero esta estrategia, que también implicaría dejarlo a él sólo como la figura más iluminada del gobierno, haciendo que nadie de su gabinete descolle más que él, estaría resultándole contraproducente ya que es el gobierno quien tiene la más alta aprobación y no él como lo esperaba.
A esto se suma que haya puesto a Joaquín Lavín en el difícil ministerio de educación, considerando que es una de los pocos miembros del gabinete que tiene un pasado político, con el fin de neutralizarlo y también de neutralizar a la UDI, el partido de Lavín. El ministro de educación había llegado al ministerio ya casi en el atardecer de su carrera política, luego de perder dos veces la candidatura presidencial y una vez la candidatura al senado, además de que en la UDI ya no tenía el mismo peso político que poseía en sus mejores tiempos de candidato, por lo que era una persona que no iba a molestar mucho dentro del gabinete y que no dolería mucho su salida frente a una eventual crisis en su cartera o educacional. Sin embargo, Lavín ahora se posiciona como unos de los ministros mejor evaluados dentro del gabinete de Piñera, seguido por el ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter y la vocera de gobierno Ena von Baer.
Estas dos situaciones se podrían explicar por la forma de gobernar que ha adoptado Piñera en estos sus primeros meses de gobierno: muy personalista, sin delegar funciones a otras personas y no contando con asesores políticos de real peso. Piñera desea manejar todos los hilos del Estado y sobretodo de su gobierno, pero esa misma actitud es la que le está pasando la cuenta y la que no lo deja gobernar libremente.
Durante los gobiernos de la Concertación, el gabinete se erigió como el colchón para amortiguar las demandas ciudadanas, el primer paso antes que los conflictos o los problemas escalaran hasta el o la presidenta. Y fue así como por ejemplo Bachelet salió casi indemne luego de la revolución pingüina, o como Lagos se intentó blindar luego de los casos de corrupción. Porque ante esto, para el jefe de Estado implica un ajuste o un cambio de gabinete, lo que significa un bálsamo frente a los cuestionamientos o los problemas de gestión, pero que en el caso de Piñera, debido a su fuerte personalismo cualquier cambio de gabinete podría significarle una pérdida aún mayor de popularidad o de aprobación.
El presidente debe comprender que no puede gobernar manejando todos los hilos, que debe delegar funciones en personas capacitadas, ya que el ejercicio del poder también representa delegar funciones en las capacidades políticas de las personas que lo rodean. Un buen político sería quién selecciona a su gabinete o su círculo más cercano según las capacidades que puedan otorgar al gobierno, esa debiera ser su labor como presidente, pero en la medida que no deje a su gabinete empoderarse, todos los conflictos siempre llegarán irremediablemente hasta él. Además debe comprender el presidente que debe contar con asesores, pues necesita gente que le informe y le proponga ideas, no puede ser que todas las ideas y las propuestas tengan que salir de su propia cabeza, lo que hace entorpecer la labor gubernamental.
Todo esto no hace más que pensar, que el presidente aún no ha dejado de lado la lógica de gerente de empresa que tanto se le ha criticado y que la población lo está percibiendo a cabalidad.
sábado, 15 de mayo de 2010
Las reformas electorales de Piñera
El presidente Piñera ha presentado una serie de reformas al sistema electoral, que incluyen la inscripción automática, el voto voluntario, el voto de los chilenos en el extranjero, la eliminación de las mesas de votación por sexo, una reforma al Servicio Electoral y la modificación de la fecha de las elecciones presidenciales.
Estas reformas que posibilitan la ampliación de la democracia, haciendo que muchos chilenos y chilenas que se encuentran fuera de los procesos eleccionarios, se les abra una puerta para que participen en la democracia.
El presidente tiene más elementos para ganar que para perder con estas reformas, pues se muestra como un político de derecha moderno que es inclusivo y que está a favor de la democracia, y al mismo tiempo dejando sin espacio a la Concertación, la que había levantado la bandera de estas luchas por la ampliación de la democracia, pero que en veinte años nunca llegaron a buen puerto. Si bien, esta propuesta en muchos puntos fueron presentadas por parlamentarios de la Concertación, siguiendo el orden del régimen presidencialista que impera en Chile, que el presidente de la República se comprometa con estas reformas es un gran avance en la ampliación de la democracia. No es lo mismo que un parlamentario presente un proyecto de reforma política a que lo haga el presidente, con toda la carga política, de poder y simbólica que este cargo acarrea.
Ahora el gran problema para que estas propuestas sean ley, vendría principalmente desde la misma coalición de gobierno, ya que en la UDI siempre se han mostrado reacios a incluir el voto a los chilenos en el exterior o siempre han puesto trancas para la aprobación de la inscripción automática y el voto voluntario.
La inscripción automática implica que muchos jóvenes que nunca se han inscrito en las listas del Servicio Electoral, tengan la posibilidad de votar en cada elección. Muchos estudios muestran como el padrón electora comienza a envejecer cada vez más ante un sistema de votación cerrado y excluyente. Esto, junto con el voto voluntario posibilitaría que las personas se expresen electoralmente según su voluntad y no sobre la base de una obligatoriedad, dejando fuera el cariz negativo para quienes no desean participar de algún proceso electoral. Esta reforma, podría también incluir la modificación de los plazos electorales, como por ejemplo que el voto se pueda hacer dentro de 5 días y una semana, lo que quita trabas para que las personas emitan su voto, junto con ello una reforma a la elección de los vocales de mesa, ver un sistema que no obligue a las personas a ser vocales y posibilitando que las personas hagan esta actividad voluntariamente, quizás aumentando la remuneración o dando alternativas sobretodo a los jóvenes, como por ejemplo que niños y jóvenes sean vocales de mesa o que lo hagan como un servicio al país como el servicio militar.
La inclusión del voto de los chilenos y chilenas en el exterior sería la concreción de una gran cantidad de chilenos que están fuera del territorio pero que desean participar activamente del proceso electoral, tendiendo siempre en cuenta que los chilenos en el exterior se identifican y se identifican con el país. Y además representa un gran avance que está incluido en el concierto de internacional de incluir en las decisiones a quienes se encuentran fuera del territorio nacional. Esto también debe traer consigo modificaciones a la forma de emitir el voto, como por ejemplo introducir el voto por correspondencia (que sería válido también para los chilenos que residen dentro del territorio nacional) o el voto a través de las legaciones diplomáticas en los países respectivos, o también la inclusión del voto electrónico como se ha ido introduciendo en algunos países.
La eliminación de las mesas de varones y de mujeres en los tiempos actuales carece sentido, ya cuando el país ha avanzado en cuestiones de género, es impensado que siga existiendo una división en cuanto a sexo. Si las elecciones están delimitadas a un lugar de residencia (circunscripción, distrito, comuna) no se entiende cuál es la finalidad de separar a la población en hombre o mujeres. Esta reforma, además facilitaría el acto electoral al estar asentado el lugar de votación por el lugar de residencia.
La reforma al Servicio Electoral es necesaria si se quieren procesos electorales eficientes, rápidos y no influenciados por las coyunturas políticas. En este punto, la propuesta presidencia de ampliar el directorio a 5 miembros, dentro de los que cuatro serían nominados por el presidente a votación por el senado, dejando un quinto que sería de estricta nominación presidencial sin pasar por el parlamento, sería politizar una institución que debe tener un carácter también muy técnico. En este sentido, la modernización de este servicio, tan necesario para el desarrollo democrático del país, debería pasar por el Servicio Civil, en que sus directores fuesen nombrados luego de un concurso público. Estar reformas, deberían estar acompañadas de darle más atribuciones al Tribunal Calificador de Elecciones, en donde sea la entidad legal que cuente con amplias atribuciones para fiscalizar y aprobar los procesos electorales. La modificación de la institucionalidad que vela por las elecciones debe estar sustentada en un servicio que genere los mecanismos en que se puedan desarrollar ordenadas y democráticamente las elecciones y una institución que fiscalice y dé su aprobación a las mismas elecciones.
La modificación de la fecha de las elecciones responde principalmente al hecho que las elecciones durante el mes de diciembre se complica con las actividades y las fiestas de fin de año y también con la segunda vuelta presidencial que se desarrolla en enero en medio de las vacaciones de muchas personas. Junto con ello también la fecha del cambio de mando que se produciría el primer día de marzo y no once días después.
Estas reformas políticas deberían ir unidas a otro tipo de reformas políticas que tengan como destino ampliar la democracia, como por ejemplo la ley sobre partidos políticos y la modificación del sistema binominal, la elección de intendentes y consejeros regionales, que den una base aún mayor de la democracia. Porque la democracia se construye con todos y todas, es que un país debe propiciar mecanismos inclusivos y que vayan ampliando la democracia, ya que las democracias de por sí no son estáticas, siempre se van modificando a las expectativas de las personas y los deseos de la gente, haciendo que esos mismos deseos se expresen dentro de la democracia y no por fuera de ella.
Veamos que pasa con estas reformas políticas que impulsa el presidente Piñera, si es que se compromete con la democracia y toma un nuevo rumbo para la derecha o si sólo son voladores de luces para eludir los desaciertos del gobierno en cuanto a su programa político y la reconstrucción de las zonas destruidas. Si logra conseguir este cambio, entonces podrá decir que avanzó mucho más que la Concertación en la ampliación de la democracia, no antes.
Estas reformas que posibilitan la ampliación de la democracia, haciendo que muchos chilenos y chilenas que se encuentran fuera de los procesos eleccionarios, se les abra una puerta para que participen en la democracia.
El presidente tiene más elementos para ganar que para perder con estas reformas, pues se muestra como un político de derecha moderno que es inclusivo y que está a favor de la democracia, y al mismo tiempo dejando sin espacio a la Concertación, la que había levantado la bandera de estas luchas por la ampliación de la democracia, pero que en veinte años nunca llegaron a buen puerto. Si bien, esta propuesta en muchos puntos fueron presentadas por parlamentarios de la Concertación, siguiendo el orden del régimen presidencialista que impera en Chile, que el presidente de la República se comprometa con estas reformas es un gran avance en la ampliación de la democracia. No es lo mismo que un parlamentario presente un proyecto de reforma política a que lo haga el presidente, con toda la carga política, de poder y simbólica que este cargo acarrea.
Ahora el gran problema para que estas propuestas sean ley, vendría principalmente desde la misma coalición de gobierno, ya que en la UDI siempre se han mostrado reacios a incluir el voto a los chilenos en el exterior o siempre han puesto trancas para la aprobación de la inscripción automática y el voto voluntario.
La inscripción automática implica que muchos jóvenes que nunca se han inscrito en las listas del Servicio Electoral, tengan la posibilidad de votar en cada elección. Muchos estudios muestran como el padrón electora comienza a envejecer cada vez más ante un sistema de votación cerrado y excluyente. Esto, junto con el voto voluntario posibilitaría que las personas se expresen electoralmente según su voluntad y no sobre la base de una obligatoriedad, dejando fuera el cariz negativo para quienes no desean participar de algún proceso electoral. Esta reforma, podría también incluir la modificación de los plazos electorales, como por ejemplo que el voto se pueda hacer dentro de 5 días y una semana, lo que quita trabas para que las personas emitan su voto, junto con ello una reforma a la elección de los vocales de mesa, ver un sistema que no obligue a las personas a ser vocales y posibilitando que las personas hagan esta actividad voluntariamente, quizás aumentando la remuneración o dando alternativas sobretodo a los jóvenes, como por ejemplo que niños y jóvenes sean vocales de mesa o que lo hagan como un servicio al país como el servicio militar.
La inclusión del voto de los chilenos y chilenas en el exterior sería la concreción de una gran cantidad de chilenos que están fuera del territorio pero que desean participar activamente del proceso electoral, tendiendo siempre en cuenta que los chilenos en el exterior se identifican y se identifican con el país. Y además representa un gran avance que está incluido en el concierto de internacional de incluir en las decisiones a quienes se encuentran fuera del territorio nacional. Esto también debe traer consigo modificaciones a la forma de emitir el voto, como por ejemplo introducir el voto por correspondencia (que sería válido también para los chilenos que residen dentro del territorio nacional) o el voto a través de las legaciones diplomáticas en los países respectivos, o también la inclusión del voto electrónico como se ha ido introduciendo en algunos países.
La eliminación de las mesas de varones y de mujeres en los tiempos actuales carece sentido, ya cuando el país ha avanzado en cuestiones de género, es impensado que siga existiendo una división en cuanto a sexo. Si las elecciones están delimitadas a un lugar de residencia (circunscripción, distrito, comuna) no se entiende cuál es la finalidad de separar a la población en hombre o mujeres. Esta reforma, además facilitaría el acto electoral al estar asentado el lugar de votación por el lugar de residencia.
La reforma al Servicio Electoral es necesaria si se quieren procesos electorales eficientes, rápidos y no influenciados por las coyunturas políticas. En este punto, la propuesta presidencia de ampliar el directorio a 5 miembros, dentro de los que cuatro serían nominados por el presidente a votación por el senado, dejando un quinto que sería de estricta nominación presidencial sin pasar por el parlamento, sería politizar una institución que debe tener un carácter también muy técnico. En este sentido, la modernización de este servicio, tan necesario para el desarrollo democrático del país, debería pasar por el Servicio Civil, en que sus directores fuesen nombrados luego de un concurso público. Estar reformas, deberían estar acompañadas de darle más atribuciones al Tribunal Calificador de Elecciones, en donde sea la entidad legal que cuente con amplias atribuciones para fiscalizar y aprobar los procesos electorales. La modificación de la institucionalidad que vela por las elecciones debe estar sustentada en un servicio que genere los mecanismos en que se puedan desarrollar ordenadas y democráticamente las elecciones y una institución que fiscalice y dé su aprobación a las mismas elecciones.
La modificación de la fecha de las elecciones responde principalmente al hecho que las elecciones durante el mes de diciembre se complica con las actividades y las fiestas de fin de año y también con la segunda vuelta presidencial que se desarrolla en enero en medio de las vacaciones de muchas personas. Junto con ello también la fecha del cambio de mando que se produciría el primer día de marzo y no once días después.
Estas reformas políticas deberían ir unidas a otro tipo de reformas políticas que tengan como destino ampliar la democracia, como por ejemplo la ley sobre partidos políticos y la modificación del sistema binominal, la elección de intendentes y consejeros regionales, que den una base aún mayor de la democracia. Porque la democracia se construye con todos y todas, es que un país debe propiciar mecanismos inclusivos y que vayan ampliando la democracia, ya que las democracias de por sí no son estáticas, siempre se van modificando a las expectativas de las personas y los deseos de la gente, haciendo que esos mismos deseos se expresen dentro de la democracia y no por fuera de ella.
Veamos que pasa con estas reformas políticas que impulsa el presidente Piñera, si es que se compromete con la democracia y toma un nuevo rumbo para la derecha o si sólo son voladores de luces para eludir los desaciertos del gobierno en cuanto a su programa político y la reconstrucción de las zonas destruidas. Si logra conseguir este cambio, entonces podrá decir que avanzó mucho más que la Concertación en la ampliación de la democracia, no antes.
martes, 23 de febrero de 2010
Piñera, los partidos políticos y los subsecretarios
Con la nominación de sus ministros, Piñera mostró una libertad de acción que no ha tenido parangón, prescindiendo de la injerencia de los partidos políticos que lo respaldan. Esta decisión, si bien está ajustada al periodo de su aún no iniciado gobierno, en que el presidente tiene el control completo de la agenda, se debe en primer lugar por ser el primer presidente del conglomerado de derecha. Piñera no ganó en primera vuelta ni tampoco lo hizo con un porcentaje abultado, sino que cuenta con ese derecho por ser el primero, por lo que se ha ganado la libertad de hacer y nominar a sus ministros con una libertad que muchos de los presidentes anteriores no contaban. La presidenta Bachelet contó con margen de libertad para nominar a su gabinete sin tener que enfrentar directamente las presiones de los partidos políticos, pero que a la larga le terminó pasando la cuenta frente a los variados cambios de gabinete que tuvo que realizar, en donde sí incorporó la voz de los partidos de la Concertación. En el caso del presidente Piñera, esta libertad es un arma de doble filo, porque tal como a Bachelet en algún momento va a necesitar a la ayuda de los partidos políticos que lo respaldad, y lo que además podría crear la instancia en que despierten viejas animosidades dentro de la derecha que se encuentran dormidas con el éxtasis de la victoria.
Con el nombramiento de los subsecretarios, Piñera tiende a incorporar a los partidos políticos al gobierno, atendiendo la falta de capacidad política que impera dentro de su gabinete. En esta nominación intentó dejar contenta a la UDI, partido que tienen la mayor cantidad de parlamentarios en el congreso sin los que no puede gobernar, y además de su propio partido RN que no sería bien visto que su propio "ex partido" comenzara con las primeras críticas políticas. En el nombramiento de los ministros y subsecretarios, Piñera se valió de algunos institutos ligados a la derecha como Libertad y Desarrollo y la Fundación Jaime Guzmán, de donde ha sacado personal e ideas que ha incorporado a su gobierno, pero que en la práctica le puede pesar en la relación con sus partidos políticos, como le sucedió a Bachelet cuando incorporó en su gabinete a gente fuera de la Concertación provenientes del Think Tank Expansiva, quienes fueron los primero blancos de críticas de los propios partidos de gobierno y los primeros en dejar sus carteras, a excepción del ministro de hacienda que logró controlar un gran poder dentro del gabinete.
Dentro de estas nominaciones, además Piñera escuchó la voz de los dos principales líderes en las sombras de la derecha, Longueira y Allamand, que si bien no están a la cabeza de la UDI o de RN respectivamente, dentro de sus propios partidos poseen una injerencia enorme que como presidente no podía eludir. Hasta el momento, la derecha se ha mantenido unida frente al futuro gobierno, ha respaldado al presidente electo en sus primeros pasos, pero el ejercicio del poder y el ser gobierno crean polos y áreas de influencia que son casi naturales dentro de la práctica política, que en el caso de la Concertación esa práctica se llegó a niveles impensados, en la derecha aún están por verse como se desarrollan estos pequeños subgrupos dentro de la misma Coalición o dentro de los partidos y también como se desenvuelven los pequeños caudillismos. La molestia de Longueira y las críticas ocultas de Allamand responden al manejo de ciertos espacios de poder dentro de sus partidos y que Piñera ha debido ponerle atención antes de que sumen un poder aún mayor o comiencen a socavar el poder del presidente.
Así, Piñera ha mostrado que su estilo de gobierno es mucho más presidencialista que el de Bachelet, quien tenía un estilo de gobernar mucho más parecido a un parlamentarismo en que ella actuó más como una primera ministra que se relaciona casi horizontalmente con sus ministros que como una presidenta que concentra el poder. En el gobierno de Piñera, sería difícil ver a ministros tan poderosos como Andrés Velasco en hacienda o un Pérez Yoma en interior, ya que Piñera ha mostrado que quiere concentrar el poder, y el nombramiento de personas con un enorme perfil técnico responda a su idea de que el poder político se debe concentrar en la figura del presidente. Esto puede traerle algunos inconvenientes, como que muchos de sus ministros y subsecretarios nunca logren empoderarse del cargo y desenvolverse a sus anchas en sus puestos o que finalmente todas las críticas hacia el gobierno estén dirigidas hacia él por ser el único responsable, que en el caso de los gobiernos los gabinetes también sirven para delegar culpas -un contrasentido en el ejercicio del poder-, pero que en términos simbólicos sirve mucho para mantener al presidente incólume de los errores del gobierno o de su coalición de partidos.
Concentrando el poder en la figura del presidente, lo que puede provocar es el nacimiento de un nuevo populismo, en que los partidos no son excluidos sino que son puestos en un congelador indefinido. Volviendo a las alusiones de Piñera con Berlusconi, según Giovanni Sartori es el premier italiano quien ha patentado una nueva forma de hacerse con todo el poder, que el politólogo italiano ha llamado el "sultanato", en donde el gobernante no intenta transformarse en un dictador al estilo clásico que borra las leyes y la democracia para controlar y retener todo el poder, sino que en base a las mismas leyes existentes y desde dentro de la democracia ir minando los principios democráticos, no para crear poderes nuevos, sino para ejercer los ya existentes y disminuir las contrapesos políticos. Si Piñera sigue en esta misma senda, se habrá transformado en el Berlusconi latinoamericano, no sólo por superar los límites de los negocios y la política, sino también por la forma de ejercer el poder y de comprender la democracia.
Está por verse entonces, como Piñera se desenvuelve con los partidos políticos, si los escucha e incorpora en el juego político o trata de anularlos y de saltarlos. Porque en la práctica, la derecha ha llegado al poder con el discurso negativo sobre la política y los partidos políticos que se impuso durante la dictadura, agregándole a eso el discurso propositivo de la técnica como resolución de los conflictos y problemas sociales, lugar en donde se generan las propuestas. Durante estos próximos cuatro años se verá si este discurso no se transforma en un bumerang y se devuelve a la derecha, produciendo problemas entre los mismos partidos políticos de la Coalición por el Cambio y el presidente o dentro de la misma coalición de partidos entre áreas de influencia, lo que finalmente terminó dejando en el suelo a la Concertación.
Con el nombramiento de los subsecretarios, Piñera tiende a incorporar a los partidos políticos al gobierno, atendiendo la falta de capacidad política que impera dentro de su gabinete. En esta nominación intentó dejar contenta a la UDI, partido que tienen la mayor cantidad de parlamentarios en el congreso sin los que no puede gobernar, y además de su propio partido RN que no sería bien visto que su propio "ex partido" comenzara con las primeras críticas políticas. En el nombramiento de los ministros y subsecretarios, Piñera se valió de algunos institutos ligados a la derecha como Libertad y Desarrollo y la Fundación Jaime Guzmán, de donde ha sacado personal e ideas que ha incorporado a su gobierno, pero que en la práctica le puede pesar en la relación con sus partidos políticos, como le sucedió a Bachelet cuando incorporó en su gabinete a gente fuera de la Concertación provenientes del Think Tank Expansiva, quienes fueron los primero blancos de críticas de los propios partidos de gobierno y los primeros en dejar sus carteras, a excepción del ministro de hacienda que logró controlar un gran poder dentro del gabinete.
Dentro de estas nominaciones, además Piñera escuchó la voz de los dos principales líderes en las sombras de la derecha, Longueira y Allamand, que si bien no están a la cabeza de la UDI o de RN respectivamente, dentro de sus propios partidos poseen una injerencia enorme que como presidente no podía eludir. Hasta el momento, la derecha se ha mantenido unida frente al futuro gobierno, ha respaldado al presidente electo en sus primeros pasos, pero el ejercicio del poder y el ser gobierno crean polos y áreas de influencia que son casi naturales dentro de la práctica política, que en el caso de la Concertación esa práctica se llegó a niveles impensados, en la derecha aún están por verse como se desarrollan estos pequeños subgrupos dentro de la misma Coalición o dentro de los partidos y también como se desenvuelven los pequeños caudillismos. La molestia de Longueira y las críticas ocultas de Allamand responden al manejo de ciertos espacios de poder dentro de sus partidos y que Piñera ha debido ponerle atención antes de que sumen un poder aún mayor o comiencen a socavar el poder del presidente.
Así, Piñera ha mostrado que su estilo de gobierno es mucho más presidencialista que el de Bachelet, quien tenía un estilo de gobernar mucho más parecido a un parlamentarismo en que ella actuó más como una primera ministra que se relaciona casi horizontalmente con sus ministros que como una presidenta que concentra el poder. En el gobierno de Piñera, sería difícil ver a ministros tan poderosos como Andrés Velasco en hacienda o un Pérez Yoma en interior, ya que Piñera ha mostrado que quiere concentrar el poder, y el nombramiento de personas con un enorme perfil técnico responda a su idea de que el poder político se debe concentrar en la figura del presidente. Esto puede traerle algunos inconvenientes, como que muchos de sus ministros y subsecretarios nunca logren empoderarse del cargo y desenvolverse a sus anchas en sus puestos o que finalmente todas las críticas hacia el gobierno estén dirigidas hacia él por ser el único responsable, que en el caso de los gobiernos los gabinetes también sirven para delegar culpas -un contrasentido en el ejercicio del poder-, pero que en términos simbólicos sirve mucho para mantener al presidente incólume de los errores del gobierno o de su coalición de partidos.
Concentrando el poder en la figura del presidente, lo que puede provocar es el nacimiento de un nuevo populismo, en que los partidos no son excluidos sino que son puestos en un congelador indefinido. Volviendo a las alusiones de Piñera con Berlusconi, según Giovanni Sartori es el premier italiano quien ha patentado una nueva forma de hacerse con todo el poder, que el politólogo italiano ha llamado el "sultanato", en donde el gobernante no intenta transformarse en un dictador al estilo clásico que borra las leyes y la democracia para controlar y retener todo el poder, sino que en base a las mismas leyes existentes y desde dentro de la democracia ir minando los principios democráticos, no para crear poderes nuevos, sino para ejercer los ya existentes y disminuir las contrapesos políticos. Si Piñera sigue en esta misma senda, se habrá transformado en el Berlusconi latinoamericano, no sólo por superar los límites de los negocios y la política, sino también por la forma de ejercer el poder y de comprender la democracia.
Está por verse entonces, como Piñera se desenvuelve con los partidos políticos, si los escucha e incorpora en el juego político o trata de anularlos y de saltarlos. Porque en la práctica, la derecha ha llegado al poder con el discurso negativo sobre la política y los partidos políticos que se impuso durante la dictadura, agregándole a eso el discurso propositivo de la técnica como resolución de los conflictos y problemas sociales, lugar en donde se generan las propuestas. Durante estos próximos cuatro años se verá si este discurso no se transforma en un bumerang y se devuelve a la derecha, produciendo problemas entre los mismos partidos políticos de la Coalición por el Cambio y el presidente o dentro de la misma coalición de partidos entre áreas de influencia, lo que finalmente terminó dejando en el suelo a la Concertación.
martes, 16 de febrero de 2010
El gabinete de Piñera
Mucho se ha discutido del carácter del gabinete del presidente electo Sebastián Piñera, de los rasgos técnicos o las falencias políticas que ha presenciado en la nominación de las personas que ocuparán las carteras ministeriales. Pero esta, como primera acción gubernamental del presidente electo tiene bastantes aristas y otras tantas críticas por causa de la disociación entre el discurso y la realidad, entre lo que dice y lo que hace.
Una de las primeras críticas que se le han formulado al presidente electo, es sobre la pertenencia de muchos de los miembros del gabinete a directorios de empresas que también responde al ámbito de relaciones que ha establecido el nuevo presidente, del grupo de personas con las que se ha rodeado. Seguramente, de haber sido un dirigente sindical se habría codeado con personas ligadas a la organización popular, pero en este caso específico demuestra que Piñera se ha rodeado de personas que tienen tanto capital económico como él y un capital cultural similar al que él posee. Eso ya lo dijo Bourdieu, que las personas tienden a relacionarse con otros que tengan similares capitales culturales y económicos, no por una predisposición social que nos limita a esos espacios, sino porque se comparten ciertos códigos sociales y Habitus que son semejantes. Esto posibilita de alguna forma entender las confianzas depositadas por Piñera en los nombres que ha nominado, sin embargo para el presidente de la república se espera que trascienda esos espacios relacionales, que se adentre en otros mundos, ya que su labor es conocer espacios, lugares y personas que no son iguales su persona o su espacio social. Él, como presidente de la república necesitará contar con personas que le muestren las distintas culturas, que lo asesoren con temas que él no maneja, por ello una de sus primeras necesidades era reunir un equipo que supliera las falencias que él mismo no posee y le muestren lo que él no alcanza a comprender. El curriculum del gabinete, por cierto que es de amplitud y una capacidad técnica y académica notable, pero que no deja de constatar que si bien este grupo de personas se muestran notables en sus espacios de ingerencia, responden a sólo un espectro de la sociedad. Si Piñera deseaba reunir a un equipo de los mejores en sus quehaceres, debería haber buscado también en otras comunas, en otras universidades o institutos. El gabinete posiblemente esté bastante capacitado en elementos técnicos, pero responden a la mirada de una parte de la sociedad. Más que capacidad, este gabinete adolece de diversidad. Y, por otra parte, en los tiempos en que las comunicaciones y el conocimiento fluyen libremente, es impensado que el presidente no se hubiera interiorizado de las distintas realidades que conviven en el país, actualmente es mucho más fácil saber quién sobresale en su ámbito o conocer las capacidades de distintas personas.
Si Piñera hubiese querido realmente un gabinete de "unidad nacional", como él lo ha llamado, hubiera buscado personas de diferentes espacios y diferentes ámbitos, para reunir en un gabinete a un grupo de los mejores que trabajen para el beneficio de todos. Acá en el grupo de ministros se observa la predominancia de una grupo específico, en donde muchos compartieron la misma escuela o universidad, de lo que no tienen ninguna culpa, la culpa es del futuro presidente que dice querer representar a todo el país, pero que en una de sus primaras acciones demuestra todo lo contrario a su discurso.
Este gabinete de unidad nacional que ha llamado enfáticamente Piñera, se une además al discurso sobre la política de los acuerdos que desea revivir, pero viniendo eso desde la política misma, ese anhelo suena un tanto tautológico, porque la política en sí se genera por medio de los acuerdos. Ya nadie sigue el pensamiento de Clausewitz, en que la política es la continuación de la guerra por otros medios, sino que el pensamiento general es que la política es el lugar donde se dialoga y que en la praxis política es la consecución de un programa político a través del dialogo con la oposición o la minoría política. Lo que el presidente electo debe entender, es que el fue electo para gobernar y aplicar el programa político que representa una visión determinada de la sociedad, su misión ahora es llevar ese programa a la práctica y cumplir con sus promesas, porque el fue electo para llevar a cabo cierto esquema político y representar a la ciudadanía que lo eligió, respetando a las minorías políticas. Si no existiese la representación de una visión de la sociedad -que los candidatos dicen representar-, entonces las elecciones serían innecesarias, mejor votamos por la unidad nacional en un solo candidato. Además el esquema de unidad nacional y de la política de los acuerdos como los ha planteado Piñera, se superpone a la existencia de grupos minoritarios dentro de la política o en el parlamento. Ya que si bien existe un gobierno que cuenta con bastantes atribuciones para llevar a cabo su política, también existen los grupos que no son mayoría que cuentan con motivaciones o necesidades que serían soslayadas con este tipo de prácticas. El gobierno le es confiada la labor de ejecutar su eje programático, pero sin pasar por encima de los grupos minoritarios, su labor es también incluirlos en el dialogo, conocer sus peticiones y respetar sus posiciones. Sin esto, el gobierno y la política se transformarían en un ente uniforme y homogéneo, más cercano a una dictadura que a una democracia.
Y por lo demás, el esquema de la unidad nacional y la política de los acuerdos son aplicables en casos excepcionales, en que se ha roto la paz democrática o el país se vio envuelto en un conflicto bélico o político social, que el caso actual de Chile es ilógico pensar que travesamos por esas coyunturas. Ese discurso que pretende imponer Piñera es una remembranza del discurso patriotero y nacionalista que impendía el surgimiento o la exigencia de grupos sociales marginados o que comienzan a emerger como actores políticos, en que el bien de la sociedad era uno y normado. El proceso político de la democracia debe permitir el surgimiento de nuevos actores políticos y considerar sus peticiones, la democracia en los tiempos actuales exige que se construya con todos y todas, pero considerando que somos diferentes, pensamos distinto y deseamos distintas cosas. La política, es entonces el lugar donde se discuten esas diferencias y se llegan a consensos, pero sin uniformar ni esquematizar en un discurso.
Cuando llegue este gobierno a La Moneda debe tener claro que representa un sector de la sociedad a la que la ciudadanía confió en su plan de gobierno, que representa a un ámbito de la política y desde ahí puede construir acuerdos.
Una de las primeras críticas que se le han formulado al presidente electo, es sobre la pertenencia de muchos de los miembros del gabinete a directorios de empresas que también responde al ámbito de relaciones que ha establecido el nuevo presidente, del grupo de personas con las que se ha rodeado. Seguramente, de haber sido un dirigente sindical se habría codeado con personas ligadas a la organización popular, pero en este caso específico demuestra que Piñera se ha rodeado de personas que tienen tanto capital económico como él y un capital cultural similar al que él posee. Eso ya lo dijo Bourdieu, que las personas tienden a relacionarse con otros que tengan similares capitales culturales y económicos, no por una predisposición social que nos limita a esos espacios, sino porque se comparten ciertos códigos sociales y Habitus que son semejantes. Esto posibilita de alguna forma entender las confianzas depositadas por Piñera en los nombres que ha nominado, sin embargo para el presidente de la república se espera que trascienda esos espacios relacionales, que se adentre en otros mundos, ya que su labor es conocer espacios, lugares y personas que no son iguales su persona o su espacio social. Él, como presidente de la república necesitará contar con personas que le muestren las distintas culturas, que lo asesoren con temas que él no maneja, por ello una de sus primeras necesidades era reunir un equipo que supliera las falencias que él mismo no posee y le muestren lo que él no alcanza a comprender. El curriculum del gabinete, por cierto que es de amplitud y una capacidad técnica y académica notable, pero que no deja de constatar que si bien este grupo de personas se muestran notables en sus espacios de ingerencia, responden a sólo un espectro de la sociedad. Si Piñera deseaba reunir a un equipo de los mejores en sus quehaceres, debería haber buscado también en otras comunas, en otras universidades o institutos. El gabinete posiblemente esté bastante capacitado en elementos técnicos, pero responden a la mirada de una parte de la sociedad. Más que capacidad, este gabinete adolece de diversidad. Y, por otra parte, en los tiempos en que las comunicaciones y el conocimiento fluyen libremente, es impensado que el presidente no se hubiera interiorizado de las distintas realidades que conviven en el país, actualmente es mucho más fácil saber quién sobresale en su ámbito o conocer las capacidades de distintas personas.
Si Piñera hubiese querido realmente un gabinete de "unidad nacional", como él lo ha llamado, hubiera buscado personas de diferentes espacios y diferentes ámbitos, para reunir en un gabinete a un grupo de los mejores que trabajen para el beneficio de todos. Acá en el grupo de ministros se observa la predominancia de una grupo específico, en donde muchos compartieron la misma escuela o universidad, de lo que no tienen ninguna culpa, la culpa es del futuro presidente que dice querer representar a todo el país, pero que en una de sus primaras acciones demuestra todo lo contrario a su discurso.
Este gabinete de unidad nacional que ha llamado enfáticamente Piñera, se une además al discurso sobre la política de los acuerdos que desea revivir, pero viniendo eso desde la política misma, ese anhelo suena un tanto tautológico, porque la política en sí se genera por medio de los acuerdos. Ya nadie sigue el pensamiento de Clausewitz, en que la política es la continuación de la guerra por otros medios, sino que el pensamiento general es que la política es el lugar donde se dialoga y que en la praxis política es la consecución de un programa político a través del dialogo con la oposición o la minoría política. Lo que el presidente electo debe entender, es que el fue electo para gobernar y aplicar el programa político que representa una visión determinada de la sociedad, su misión ahora es llevar ese programa a la práctica y cumplir con sus promesas, porque el fue electo para llevar a cabo cierto esquema político y representar a la ciudadanía que lo eligió, respetando a las minorías políticas. Si no existiese la representación de una visión de la sociedad -que los candidatos dicen representar-, entonces las elecciones serían innecesarias, mejor votamos por la unidad nacional en un solo candidato. Además el esquema de unidad nacional y de la política de los acuerdos como los ha planteado Piñera, se superpone a la existencia de grupos minoritarios dentro de la política o en el parlamento. Ya que si bien existe un gobierno que cuenta con bastantes atribuciones para llevar a cabo su política, también existen los grupos que no son mayoría que cuentan con motivaciones o necesidades que serían soslayadas con este tipo de prácticas. El gobierno le es confiada la labor de ejecutar su eje programático, pero sin pasar por encima de los grupos minoritarios, su labor es también incluirlos en el dialogo, conocer sus peticiones y respetar sus posiciones. Sin esto, el gobierno y la política se transformarían en un ente uniforme y homogéneo, más cercano a una dictadura que a una democracia.
Y por lo demás, el esquema de la unidad nacional y la política de los acuerdos son aplicables en casos excepcionales, en que se ha roto la paz democrática o el país se vio envuelto en un conflicto bélico o político social, que el caso actual de Chile es ilógico pensar que travesamos por esas coyunturas. Ese discurso que pretende imponer Piñera es una remembranza del discurso patriotero y nacionalista que impendía el surgimiento o la exigencia de grupos sociales marginados o que comienzan a emerger como actores políticos, en que el bien de la sociedad era uno y normado. El proceso político de la democracia debe permitir el surgimiento de nuevos actores políticos y considerar sus peticiones, la democracia en los tiempos actuales exige que se construya con todos y todas, pero considerando que somos diferentes, pensamos distinto y deseamos distintas cosas. La política, es entonces el lugar donde se discuten esas diferencias y se llegan a consensos, pero sin uniformar ni esquematizar en un discurso.
Cuando llegue este gobierno a La Moneda debe tener claro que representa un sector de la sociedad a la que la ciudadanía confió en su plan de gobierno, que representa a un ámbito de la política y desde ahí puede construir acuerdos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)